|
Reconocimientos
Crecí en Cd. Delicias, Chihuahua, México, una de las zonas
lecheras
importantes del país, pero nunca visité un establo ni una
planta de
quesería. Ya fuera de casa, estudié Ingeniería Química y
Tecnología de
Alimentos, pero mi Tesis fue sobre las relaciones entre la
estructura y las
propiedades reológicas del gluten de trigo. Mi relación
profesional con la
leche y con la gerencia para el mejoramiento de la calidad
comenzó a
mediados de la década de los años 80. Estos últimos dieciseis
años han
sido fascinantes, sobre todo porque tuve el privilegio de
trabajar durante
casi una década en una empresa de productos lácteos donde se
tiene una
visión de largo plazo y se valora la gente, el aprendizaje y la
experimentación. Allí descubrí que la lechería no tiene más
límites que la
imaginación y que la clave de la competitividad está en la
forma de pensar
y de actuar de los altos gerentes.
A través de estos años, he recibido la ayuda de muchas
personas. Es un
grupo diverso en el que hay empresarios, consultores, ejecutivos,
funcionarios, profesores e investigadores, de varias
nacionalidades. Me
han ayudado de distintas maneras, todas ellas valiosas para que
yo
pudiera escribir este libro y siempre en el mejor espíritu de
cooperación.
Quiero darles las gracias y decirles a todos que, desde luego,
asumo la
responsabilidad por el contenido del libro.
Entre ellos están Reynaldo Villarreal Gutiérrez, Marcus Karel,
Servando
Morales Díaz, ChoKyun Rha, Robert B. Gravani, David Bandler,
Alejandro
Valdés Garza, Inocencio Higuera Ciapara, Manuel Enrique Ron
Sánchez,
Eduardo Erro Popelka, Ismael Cárdenas Gil, Gustavo Cárdenas
Gil, Jesús
Montero Alvarado, Víctor Hinojosa Barragán, Homero Gaona
Rodríguez y,
por último pero ciertamente no menos importante, Yolanda Vidal
García.
Quiero expresar un agradecimiento especial a Oscar Harasic,
Coordinador
del Proyecto Multinacional sobre Metrología, Normalización,
Acreditación
y Calidad, de la Oficina de Ciencia y Tecnología en la
Organización de los
Estados Americanos, por haber aceptado con generosidad y
entusiasmo
que este libro fuera publicado por la OEA, dentro del Programa
OEA/GTZ,
y a Rocío Marbán y Julio Pellecer, por una excelente labor de
edición.
INTRODUCCIÓN
Para que la competitividad actual de las empresas queseras
latinoamericanas medianas y pequeñas aumente y se consolide
sobre una
base confiable, y para que esta industria satisfaga la demanda
doméstica y
las exportaciones potenciales se conviertan en realidad, hace
falta recorrer
un trecho considerable por el sendero del mejoramiento continuo
de la
calidad de los quesos y de la eficiencia de conversión de la
leche en queso.
Es muy dificil, por lo menos en el futuro previsible, que los
empresarios
queseros puedan, por sí mismos, enfrentar con éxito este reto;
se requiere
el trabajo conjunto y articulado de diversas instancias: los
mismos
queseros, dispuestos a aprender y a practicar mejores métodos;
los
productores de leche, técnicos en lechería, instituciones de
crédito para el
desarrollo e instituciones educativas y agencias gubernamentales
y
privadas relacionadas con la salud pública, la protección al
medio
ambiente, el comercio, comunicaciones y transportes, agricultura
y
ganadería e impulso a las exportaciones.
Los esfuerzos de buena fe, pero dispersos, no serán eficientes
ni eficaces
pues la problemática es compleja y los distintos grupos de
interés tienen,
desde luego, diversas percepciones, puntos de vista,
metodologías y expectativas.
Tal vez la acción más importante consista en alinear los
esfuerzos
dispersos para construir una visión compartida por todos los
interesados,
con propósitos claros, con un horizonte de tiempo
razonablemente largo,
del orden de por lo menos cinco años; con constancia de
propósitos, con
un diseño metodológico formal pero flexible que ponga énfasis
en el
trabajo conjunto y con actividades permanentes de capacitación
y de
seguimiento en todos los aspectos.
La capacitación en tecnología de productos lácteos es
indispensable pero
insuficiente. Además, la mayoría de los empresarios queseros
requieren
ser guiados durante algún tiempo, en forma no paternalista, en
muchos
otros aspectos. En este sentido, tal vez el reto principal sea
psicológico,
más que tecnológico. Un ejemplo común de ésto es la
búsqueda de
esquemas ganar-ganar en la compraventa de leche cruda para
quesería.
El conflicto casi permanente entre productores de leche e
industriales es
un obstáculo formidable para la competitividad de ambos. Una
explicación
parcial de las causas es que nuestras culturas nacionales son
altamente
individualistas, hemos sido educados y recompensados para
competir
unos contra otros, en juegos de suma cero donde, para que
alguien gane,
alguien tiene que perder. Desde luego, este comportamiento no es
privativo de la industria de productos lácteos - como podemos
observar a
diario, prevalece en casi todos lados - pero eso no lo hace
menos disfuncional.
En otras palabras, para ser competentes, satisfacer la demanda
doméstica, exportar con éxito y hacerlo en forma sostenida, es
imprescindible aprender a trabajar juntos, todos. Esto no es
trivial ni es
cuestión de buenos deseos o de exhortaciones, pero sí es
posible
mediante educación, capacitación y la intención de lograrlo.
Si se trabaja
en equipo, en cerca de cinco años, esta importante industria
tiene la
posibilidad de llegar a ser un ejemplo de calidad y
competitividad en sus
países de origen y en la exportación de quesos regionales. No
hay recetas
mágicas ni soluciones instantáneas. Requiere esfuerzo y
constancia en los
propósitos y en el aprendizaje.
Es importante también que cambiemos la imagen que muchos
tenemos
acerca de la quesería en nuestras empresas pequeñas y medianas.
Equivocadamente, tendemos a asociarlas con quesos de baja
calidad. Sin
embargo, teniendo alta calidad como sucede en muchos países,
los
quesos regionales latinoamericanos producidos por estas empresas
pueden ser de mayor valor agregado que los quesos producidos por
las
grandes empresas, precisamente debido a que son únicos y
diferentes
todos entre sí. Cada quesero o grupos de queseros en una cierta
región
puede impartir su arte personal a los quesos que producen y, si
además
son de calidad alta y razonablemente constante, ésto es
altamente
apreciado en muchos mercados .
Finalmente, tal vez sea inapropiado continuar con la costumbre
de hacer una
distinción entre calidad para consumo interno y calidad para
exportación. Es mucho mejor para todos mejorar sin cesar la calidad de todo lo
que hacemos
y recordar que los consumidores de nuestro país son tan
importantes como
los consumidores de otros países. Entre los primeros nos
encontramos
nosotros mismos y, desde luego, nuestras familias.
El propósito de este pequeño libro es que sirva de guía para
todos los industriales
queseros de las pequeñas y medianas empresas y para todas
las personas e instituciones interesadas en contribuir al
mejoramiento de
la quesería en los países latinoamericanos. El libro no es, ni
pretende ser,
completo ni perfecto.
Es un libro básico, práctico y escrito
en lenguaje lo
más sencillo posible, pero sin menoscabo del rigor técnico
requerido
particularmente en el caso de la mediana empresa, que
generalmente
cuenta con personal técnico en lechería.
Es un libro para practicantes de la quesería industrial y, al
mismo tiempo,
el énfasis está en la optimización de los procesos básicos
de quesería y
no en las particularidades de la fabricación de los quesos
regionales
latinoamericanos por separado. Por ello, como andamio para el
aprendizaje se usa el queso blanco pasteurizado, común a casi
todos
nuestros países, pero que tiene distintos nombres tales como
queso
blanco, queso panela, queso fresco, etc., dependiendo del lugar.
Los aspectos técnicos tienen como propósito fundamental ayudar
a los
empresarios a optimizar rendimientos en la producción de casi
cualquier
tipo de queso, a darle valor agregado al lactosuero de quesería
convirtiéndolo en alimentos con demanda y, sobre todo, a que
sus
productos no representen riesgos contra la salud pública.
Este libro está dedicado a todos los queseros pequeños y
medianos de
América Latina, con la esperanza de que, en la medida que se
vuelvan más
competentes a través de los años, tendrán la sabiduría de
compartir sus
conocimientos con todos los demás queseros y de compartir con
sus
empleados, con los productores de leche y con los consumidores
la riqueza
nueva generada como consecuencia de los aumentos en rendimientos
y en
la calidad de los productos, buscando siempre esquemas en los
que todos
ganen, contribuyendo así al desarrollo de sus países.
|