5.1 INTRODUCCIÓN
La industria alimentaria tiene una responsabilidad
especial en cuanto al mejoramiento de la calidad. Aunque la calidad es
siempre multidimensional, en la industria alimentaria hay un atributo
particular de calidad que es indispensable: la inocuidad. Todo es
importante, la presentación, los atributos sensoriales, el valor
nutrimental, la variedad, el costo razonable, la atención y rapidez en el
servicio, etc., pero lo más importante es que los alimentos no
representen un riesgo para la salud de los consumidores.
La presencia ampliamente difundida de microorganismos
patógenos en el medio ambiente, la capacidad de algunos de ellos para
sobrevivir y multiplicarse aún en condiciones adversas y, en algunos
casos, las bajas concentraciones necesarias para causar enfermedades, son
factores que in-dican la magnitud de los riesgos potenciales y, como
consecuencia, también la magnitud de la responsabilidad de la industria
alimentaria ante la sociedad.
Por otro lado, no se puede dejar la responsabilidad por
la inocuidad en manos del público consumidor. Los principios y las
prácticas de los sistemas de aseguramiento de inocuidad requieren
conocimientos de microbiología de alimentos y estos conocimientos están
al alcance de las empresas, pero no del público en general. De hecho,
aún en sociedades industriales avanzadas, la mayoría de los consumidores
no tiene suficientes conocimientos básicos y una alta proporción maneja
los alimentos sin las prácticas adecuadas para minimizar las incidencias
de enfermedades transmitidas por los alimentos (Altekruse et al., 1995;
Daniels, 1998).
Por consiguiente, un valor central en la industria
alimentaria debiera ser la conciencia de que las pérdidas impartidas a la
sociedad por falta de calidad en un alimento son mucho más severas que
las pérdidas causadas por falta de calidad en otras actividades. En
nuestra actividad, las pérdidas no son solamente económicas, sino que
incluyen la salud y, en casos
extremos, la vida de los consumidores. Así, una de las
responsabilidades primarias de los gerentes de empresas de servicios
alimentarios es contar con un sistema preventivo
de aseguramiento de la calidad
enfocado primordialmente hacia la inocuidad.
Desde una perspectiva más amplia, para que un sistema
de aseguramiento de inocuidad y calidad sea eficaz, debe ser parte de un
sistema gerencial que lo contenga, de una filosofía o política de
empresa que enfatice, ante todo, la prevención de fallas o defectos y que
no dependa, como suele suceder, de la inspección de los productos
terminados. Desde este punto de vista, hay cuatro
acciones principales que se
deben llevar a cabo para asegurar la calidad sanitaria de un alimento (Tompkin,
1986):
1. El
Control del Proceso. Los
enfoques más apropiados para este fin son el Sistema denominado HACCP,
que se describe abajo, y las herramientas del Control Estadístico de
Procesos.
2. La
Integración de la Calidad Mediante la Formulación.
Los técnicos en alimentos deben ser parte del equipo, aportando sus
conocimientos sobre actividad de agua, pH, tratamientos térmicos,
conservadores, etc., para construir, por diseño, alimentos menos
susceptibles al deterioro microbiano.
3. El
Uso de Materiales de Empaque y de Etiquetas Apropiadas.
Más allá de cuestiones estéticas y comerciales, el empaque tiene la
función de mantener al alimento en un medio ambiente que conserve la
calidad del diseño. De igual manera, más allá de los requisitos
legales, la etiqueta es el mejor medio para informarles a los
consumidores sobre el manejo adecuado y la vida útil de los alimentos.
4. La
Combinación de las Anteriores.
Idealmente, el alimento con la mayor inocuidad posible es aquél que ha
sido elaborado bajo condiciones de procesamiento que aseguren la
destrucción de todos los microorganismos patógenos, que fue formulado
para minimizar el crecimiento o supervivencia de los microorganismos
patógenos y de deterioro y que fue empacado de tal forma que el
empaque retarde el crecimiento microbiano y proporcione a los
consumidores instrucciones claras para su manejo y almacenamiento
apropiados. Generalmente, estas combinaciones son sinergísticas.
Si todo lo anterior llegase a fallar, en cumplimiento
inesperado de la Ley de Murphy, la empresa debe estar preparada para
retirar el producto del mercado. Esta acción tiene tres propósitos
principales (Nelson, 1987):
1. Retirar en forma pronta
y eficaz el producto defectuoso o de calidad cuestionable.
2. Lograr
el retiro del producto con un mínimo de consecuencias adversas. Un
retiro de producto no puede ni debe ser una operación encubierta.
Si existe un riesgo para la salud, la empresa debe informar de
inmediato al público.
3. Destruir apropiadamente
el producto defectuoso.
Una cuestión fundamental es comprender que las
pérdidas causadas por la industria alimentaria a la sociedad son
desconocidas e imposibles de conocer puesto que, por ejemplo, los casos
de infección o intoxicación que salen a la luz pública o se reportan
en las estadísticas oficiales son sólo los más severos y existe un
consenso entre los profesionales en este tema, que tales casos
constituyen solamente "la punta de un témpano". Es cuestión
de conocimiento y de intención por mejorar permanentemente todo lo que
hacemos, lo técnico y lo gerencial.
Vivimos en una era que ha sido llamada la "Era
del Conocimiento" porque, estamos observando que la calidad de vida
en un país depende cada vez menos del acceso a recursos no renovables,
como el petróleo, y de la creación de empresas atraídas
principlamente por salarios bajos. En contraste, estamos reconociendo
que la esperanza de una vida mejor está sustentada en los conocimientos
y en los valores.
Si hiciéramos una encuesta acerca de ésto, prácticamente todos
estarían de acuerdo. Sin embargo, para que esa visión llegue a ser
realidad, un requisito previo indispensable es nuestra propia re-educación,
en el sentido de una transformación en nuestra forma de pensar acerca
de la gerencia y de la calidad. En otras palabras, si estamos de acuerdo
en que la principal ventaja competitiva sostenible es la conjunción de
conocimientos y valores, tenemos ante nosotros un serio problema y, a la
vez, un enorme reto y una gran oportunidad.
Por ejemplo, la gerencia ha estado tradicionalmente
sustentada casi exclusivamente en los temas de la economía y de la
tecnología. Se administra casi totalmente por cifras numéricas y por
eso, en el estilo prevaleciente de gerencia de calidad, todavía existe
la creencia de que "lo que no se puede medir no se puede mejorar".
Sin embargo, en el complejo mundo de los negocios, estamos comenzando a
aprender que lo anterior no es suficiente. A los temas de la economía y
la tecnología debemos añadir los temas de la ética (tales como la
confianza, la cooperación y decir la verdad) y de la estética (tales
como tener empresas en las que todos sientan alegría en el trabajo).
Entre otras cosas, esto significa que debemos aprender a administrar con
cifras tangibles, cuantitativas y con cifras intangibles, cualitativas.
Para ser competentes y desarrollarnos, vale la pena
hacernos algunas preguntas importantes: ¿Qué nos motiva a hacer un
trabajo con calidad? ¿Cómo podemos aprovechar la riqueza de
conocimiento tácito que toda empresa tiene en la experiencia de su
personal? ¿Cómo podemos alinear los esfuerzos de todos para trabajar
como equipo hacia la satisfacción de nuestros clientes?
En la industria de productos lácteos, la
elaboración de queso es un proceso complejo desde el punto de vista de
la calidad, aún en el caso de quesos blancos o frescos
"simples" fabricados por coagulación enzimática con cuajo,
en ausencia de fermentos. Por ejemplo, en relación a los aspectos
técnicos de la calidad del queso y de su mejoramiento, incluyendo los
aspectos relacionados con la inocuidad, el sistema de causas de
variación es grande y, a manera de ilustración, aquí se señalan
solamente algunas de las causas más importantes:
1. La leche. Por su origen biológico, es
intrínsecamente variable en cuanto a contenidos y estado fisicoquímico
de materia grasa y proteína, relación entre materia grasa y caseínas,
pH y características de la población microbiana.
2. El manejo de la leche. La falta de higiene,
los tiempos largos a temperatura ambiente, la agitación y el bombeo
excesivo promueven la separación y la oxidación de la materia grasa y
la degradación de grasas y proteínas.
3. El proceso en la tina de quesería. Aquí, el
propósito principal es recuperar la mayor cantidad posible de los
sólidos de la leche y controlar la textura y el contenido de humedad de
la cuajada, de acuerdo al diseño del queso. Este es siempre un proceso
clave. Hay interacciones muy importantes entre el nivel de conocimiento
del personal y el diseño y estado del equipo, accesorios e instrumentos
de medición. Las variaciones introducidas en este proceso son casi
imposibles de corregir posteriormente.
4. La filosofía gerencial de la empresa. Toda
empresa tiene políticas sobre cómo comprar, cómo vender, a quién
contratar, cómo capacitar, cómo recompensar, cómo reducir costos,
etc. Por ejemplo, el medio ambiente en la sala de manufactura y el resto
de la empresa, tanto físico como psicológico, es una manifestación
importante de la filosofía gerencial. Con frecuencia, aquí se
encuentran causas importantes por las que la fabricación de queso es
innecesariamente menos productiva de lo que pudiera y debiera ser. Todas
estas fuentes de variación están interrelacionadas.
Si la variación no está controlada, como sucede en
la mayoría de los casos, el proceso de fabricación es impredecible y,
por consiguiente, también serán impredecibles los rendimientos, los
costos y los atributos de calidad del queso. Si bien es cierto que la
variación no se puede eliminar, debido a la incertidumbre y complejidad
intrínsecas a todos los procesos, sí es posible y deseable controlarla
dentro de ciertos límites, que se hacen cada vez más estrechos a
medida que transcurre el tiempo dedicado al mejoramiento. Claramente,
como señala Gravani (1993), el éxito de un sistema como
HACCP requiere el compromiso por parte de la gerencia, mismo que debe
incluir la educación y la capacitación de todos los empleados.
5.2 ESTRATEGIAS PARA EL MEJORAMIENTO CONTINUO
Todos percibimos con claridad, ya sea en forma
tácita o explícita, que en la empresa todo es variable. Parte de
nuestro trabajo consiste en intentar comprender lo que sucede y luego,
en base a nuestra comprensión, tomamos decisiones.
Generalmente, hacemos esto con la ayuda de cifras o
datos, que son un reflejo directo de lo que sucede, de los
acontecimientos. Sin embargo, como señala Wheeler (1993), aunque
tomamos datos que sirvan como base para actuar, muchas veces no sabemos
qué significan. En otras palabras, no comprendemos cómo digerir los
números para extraer el conocimiento que encierran. Esto se debe a que
generalmente hacemos unas cuantas comparaciones entre los números
actuales y los números del pasado (resultados previos) o los del futuro
(pronósticos). Aquí, la clave es que unas cuantas comparaciones son
muy limitadas y, entonces, pueden generar mensajes contradictorios y
equivocados.
Cuando tomamos decisiones basados en unos cuantos
datos, es natural pensar que toda variación en los datos debe tener una
causa directamente identificable. Pero, como lo advierte Kume (1985):
"Ese es un enfoque directo y, a primera vista, parece ser eficiente.
Sin embargo, en la mayoría de los casos, las causas encontradas por
medio de ese enfoque no son las verdaderas. Si se aplican soluciones a
los problemas basándose en el conocimiento de dichas causas falsas, el
intento puede no tener resultados y se perderá el esfuerzo. El primer
paso para encontrar la causa verdadera es una observación cuidadosa del
fenómeno". Luego de dicha observación cuidadosa, y con ayuda de
algunas herramientas estadísticas sencillas, se podrá identificar la
causa o causas verdaderas.
Las herramientas estadísticas sirven para darle objetividad y
precisión a las observaciones. Lo que Kume resalta es la importancia de
pasar del
nivel de unos cuantos acontecimientos aislados al
nivel del comportamiento dinámico en el tiempo. Al graficar los datos
contra el tiempo, podemos observar "la película" y esto nos
dirá mucho más que ver unas cuantas "fotografías", o sea,
los datos fragmentados registrados en tablas. Pasar a este segundo nivel
de comprensión es un gran salto hacia adelante para saber qué nos
está tratando de decir la variación.
Según Box y Bisgaard (1987), hay dos elementos
esenciales para descubrir algo: "Necesitamos un acontecimiento
crítico que contenga información significativa, ... pero nadie va
a ver el acontecimiento crítico, nadie lo va a aprovechar, a menos que
esté presente un observador perceptivo". Mencionan también
que una de las formas de aumentar la probabilidad de que coincidan un
acontecimiento crítico y un observador perceptivo consiste "en
asegurarse que los acontecimientos informativos que ocurren en forma
natural sean captados por la atención de un observador perceptivo"
y a esto le llaman observación informada. La herramienta más
importante, a la vez sencilla y poderosa, para la observación informada
es la Carta o Gráfico de Control de Shewhart (Kume, 1985; Wheeler y
Chambers, 1992).
Normalmente, cuando ocurre algún problema, el
sentido común nos dice que actuemos sobre el sistema para corregir.
Aunque este es un propósito noble, la gran mayoría de las veces el
sistema nos derrotará y la situación empeorará. Esto nos sucede
porque el sentido común nos indica que debemos intentar corregir el
problema en el mismo lugar donde éste se manifiesta, buscando evidencia
en el pasado cercano a la manifestación del problema. Pero, debido a la
no linealidad en el comportamiento de los sistemas, esta estrategia es
casi siempre incorrecta. Dice Peter Senge (1990): "existe un
desajuste fundamental entre la naturaleza de la realidad en sistemas
complejos y nuestras formas predominantes de pensar acerca de dicha
realidad. El primer paso para corregir ese desajuste consiste en
abandonar la idea de que las causas y los efectos están cerca de sí,
tanto en tiempo como en espacio". Deming (1994) le llamó "entrometimiento"
al hecho de cambiar un proceso para tratar de corregir un error o
defecto individual.
A partir de los años 20, Shewhart (1931) desarrolló los conceptos y
la herramienta fundamental para la interpretación de la variación.
Concluyó
que hay dos tipos de variabilidad: a) la que se debe
a causas comunes; es decir, a la forma en que se diseñó y se opera
normalmente el sistema y b) la que se debe a causas especiales o
asignables. Al no comprender la diferencia entre estos dos tipos de
causas, de buena fe se cometen dos tipos de errores:
1. Tratar una falla, queja, error o accidente como si
se debiera a algo especial o asignable, cuando de hecho proviene del
sistema; es decir, que es variación aleatoria debida a causas comunes,
y
2. Tratarlos como si se debieran a causas comunes, cuando de hecho se
debieron a alguna causa especial o asignable.
Cometer estos errores aumenta la variación y el
costo. El primer tipo de error es el más común. Sucede algo indeseable
y la reacción inmediata es responder como si se tratara de un
acontecimiento aislado, esporádico. Se supone implícitamente que el
sistema o proceso es exacto, que nunca se equivoca. Como lo describen
Nolan y Provost (1990), con esto se incurre en pérdidas innecesarias
como las siguientes:
* Culpar a la gente por problemas que están fuera de su control.
* Gastar dinero en equipo nuevo innecesario.
* Perder tiempo buscando explicaciones por lo que se percibió
como una tendencia, siendo que nada ha cambiado.
* Tomar acciones cuando lo mejor hubiera sido no hacer nada.
Las causas comunes son aquellas que son parte
inherente del proceso y que afectan a todos los que están trabajando
dentro de él. Al ser graficada en una carta de control, la variación
debida a estas causas muestra una distribución aleatoria y refleja la
variación proveniente del diseño y de la forma normal de operar el
proceso. La clave, para no cometer el primer tipo de error, es que no es
posible averiguar la causa de una instancia aislada de variación debida
a causas comunes.
Esta variación aleatoria proviene de un número muy
grande de interacciones entre todos los factores que intervienen en un
proceso (personal, medio ambiente, maquinaria y equipo, métodos y
procedimientos,
materias primas). Por esto, cuando el proceso sólo
se ve afectado por causas comunes, se dice que es un proceso estable
o que está en un estado de control estadístico. En este estado,
el proceso tiene identidad, su desempeño es predecible, su calidad es
la máxima posible y su costo es el mínimo posible, a menos que se
tomen acciones gerenciales para mejorar el diseño del proceso.
Las causas especiales o asignables son aquellas que
no forman parte del diseño del proceso, sino que ocurren debido a
circunstancias específicas; no ocurren todo el tiempo ni afectan a
todos. Esta variación, al ser graficada en una carta de control, no
muestra una distribución aleatoria. Su origen se puede averiguar
mediante una investigación, con ayuda de la gente y con apoyo de otras
herramientas tales como el Diagrama de Causa-Efecto o Diagrama de
Ishikawa. Si un proceso se ve afectado por causas comunes y especiales,
se dice que es inestable o que está fuera de control
estadístico. Su desempeño, su calidad y su costo son impredecibles.
El propósito fundamental de las Cartas de Control de
Shewhart es justamente ayudarnos a distinguir entre las dos situaciones.
Estas cartas son series de tiempo, en las que la gente en el proceso
hace un "mapeo" de la variable de interés a través del
tiempo. De allí su nombre; se trata de cartografía o
elaboración de mapas de la voz del proceso, de lo que el proceso hace
en la realidad.
|
LÍMITE SUPERIOR DE CONTROL ( LSC )
|
|
|
LÍNEA CENTRAL ( LC )
|
|
|
LÍMITE INFERIOR DE CONTROL ( LIC )
|
|
tiempo |
FIGURA 5. Características esenciales de una Carta de Control.
Existen varios tipos de cartas de control, según la
naturaleza del proceso o de los atributos de calidad que se quieran
controlar. Así, por ejemplo, en una quesería, se puede graficar una
medición de pH, o el promedio y rango de un conjunto de mediciones de
contenido de proteína en la leche, o una cuenta de quesos defectuosos,
o una cuenta del número de defectos por queso. Sin embargo, la
interpretación es esencialmente la misma en todos los casos.
Utilizando fórmulas algebraicas sencillas
desarrolladas por Shewhart, a partir de los datos graficados contra el
tiempo en las Cartas de Control se calculan valores llamados Límites de
Control (Wheeler y Chambers, 1992). Estos valores son la definición,
para fines operacionales, de la frontera entre la zona de causa comunes
y la zona de causas especiales o asignables. La intención de Shewhart
al desarrollar estas fronteras fue minimizar el costo económico de
cometer los dos tipos de errores descritos antes.
Cuando todos los datos están dentro de los Límites
de Control y su distribución es aleatoria, se adopta el criterio que el
proceso es estable desde el punto de vista estadístico; es decir, que
tiene variación controlada dentro de límites. El otro criterio es que
solamente en este estado podemos afirmar que el proceso tiene identidad
y es posible predecir su costo y su calidad. En la Figura 6, Nolan y
Provost (1990) contrastan esta forma de concebir la variación y la
concepción tradicional en términos de "bueno" o "malo";
es decir, en términos de especificaciones. Una de las limitantes más
serias de interpretar los datos variables como "buenos" o
"malos" es que no obtenemos información acerca de las causas
verdaderas y, por lo tanto, tampoco para mejorar el proceso. Las cartas
de Control de Shewhart son el método o definición operacional para ver
si el proceso es o no es estable. Su interpretación requiere la
observación cuidadosa de un número razonablemente grande de datos;
equivale a ver "la película" y en esto reside
fundamentalmente su poder de predicción hacia el futuro cercano.
Si hay datos fuera de los Límites de Control o si su
distribución no es aleatoria, el criterio es que el proceso tiene
causas especiales o asignables de variación y que, por consiguiente,
está fuera de control estadístico y su
desempeño, costo y calidad son impredecibles. Cuando
se identifican causas especiales, los gerentes deben ayudar a la gente a
eliminarlas, con el propósito de estabilizar el proceso. Es importante
reconocer que quitar causas especiales no es mejorar el proceso, sino
que es tan sólo dejarlo como debería haber estado siempre. A esto se
le denomina resolver problemas o apagar fuegos. Hay que hacerlo, pero no
es mejoramiento. Resolver problemas puede aumentar la eficiencia,
haciendo mejor las cosas, pero la eficacia - hacer cosas mejores -
requiere el cuestionamiento crítico acerca del sistema mismo, no
emitiendo juicios acerca de él, sino buscando áreas de alto
apalancamiento para efectuar cambios estructurales, pensando juntos.

Uno de los errores más comunes en la industria es
confundir los Límites de Control del proceso con las especificaciones de
la empresa. Los Límites de Control se calculan estrictamente a partir de
los datos generados por el proceso, pues el propósito de la carta es
indicar lo que el proceso está haciendo y no lo que nosotros quisiéramos
que hiciera.
De ahí que a las Cartas o Gráficos de Control se les
conozca como "La Voz del Proceso". Las metas numéricas y los
presupuestos son especificaciones, por lo que no deben estar en una Carta
de Control. Solamente confunden a la gente y hacen que cometa errores
innecesarios e involuntarios.
Sin embargo, lograr que el proceso esté bajo control
no significa necesariamente que el proceso sea de calidad desde el punto
de vista del cliente. Para lograr que el proceso sea de calidad desde el
punto de vista del cliente, hay que proceder a mejorarlo; es decir, a
efectuar cambios estructurales mediante intervenciones gerenciales, ya sea
para disminuir la amplitud de la variación, para modificar el promedio de
lo que el proceso produce, o ambas cosas. Para esto sí se necesitan las
especificaciones, pues representan La Voz del Cliente y deben ser la guía
para las intervenciones gerenciales de mejoramiento.
Entonces, mejorar un proceso significa, en este
contexto, trabajar sobre el sistema, sobre su diseño y sobre su forma
usual de funcionamiento, con la ayuda de todos, para construir uno mejor.
Es por lo anterior que el mejoramiento de los procesos es principalmente
responsabilidad de la alta gerencia, pues solo ésta tiene los medios y la
autoridad para hacer cambios estructurales. Finalmente, debe haber un
seguimiento cuidadoso, para asegurar que las mejoras se mantengan, sin
olvidar que siempre habrá cosas adicionales por mejorar.
Con demasiada frecuencia, las empresas se limitan a
eliminar causas especiales, bajo la suposición (implícita) de que todo
es cuestión de resolver problemas, de apagar incendios. Por otro lado,
tener conocimientos sobre Control Estadístico de Procesos es
indispensable, pero insuficiente. Es igualmente importante tener
conocimientos sobre Ciencia y Tecnología de elaboración de quesos. Pero
aún esta combinación es insuficiente,
pues es imprescindible que la empresa tenga una filosofía gerencial
que permita que fructifiquen los esfuerzos de mejoramiento.
Mientras existan barreras y obstáculos que impidan que
la empresa utilice los resultados de llevar Cartas de Control en la sala
de producción, no habrá mejoramiento significativo de la calidad ni
disminución perdurable de los costos.
Algunos ejemplos comunes de estas barreras y obstáculos son:
* Políticas de compras y de
contratación basadas solamente en el precio.
* Sistemas de recompensas
basados en el desempeño individual.
* Insuficiente inversión en
capacitación, en investigación y desarrollo y en investigación de
los deseos y expectativas de los clientes.
* Una atmósfera de temor y
desconfianza.
* Un liderazgo sustentado en
el mando y en el control.
* Falta de constancia en los
propósitos.
En la fabricación de quesos blancos pasteurizados, las
variables preferidas para su control estadístico serían, por ejemplo, el
conteo de células somáticas en la leche cruda, la relación grasa/proteína
en la leche, las condiciones tiempo/temperatura de pasteurización, la
relación cuajo/leche, el pH al momento de retirar el lactosuero, etc.
Es importante reconocer que el control de la variación
es más eficaz en tanto se realice más "aguas arriba", en las
primeras etapas, para prevenir la propagación descontrolada de la
variación en las etapas siguientes del proceso.
Concluyendo, el sendero de la optimización y el
mejoramiento continuo de la calidad es arduo y lento pero, con el tiempo,
los beneficios para todos crecen en forma exponencial. Se requiere
constancia en los propósitos y en el aprendizaje. Como decía Deming
(1994), "no hay pudín instantáneo" ni recetas mágicas.
Optimizar procesos es una tarea cuyos avances se miden en años.
5.3 EL SISTEMA HACCP
"Todo alimento tiene un valor nutritivo igual a cero, a
menos que alguien se lo coma"
Malcolm M. Bourne Cornell University
El sistema "Análisis de Riesgos y Puntos
Críticos de Control", conocido más bien como HACCP, por el
acrónimo de su nombre en inglés (Hazard Analysis and Critical Control
Points), existe desde hace casi cuatro décadas. Fue desarrollado
originalmente por la empresa The Pillsbury Co., en la década de los años
60, en colaboración con la NASA y con los U.S. Army Natick Research and
Development Laboratories, como un medio para asegurar la ausencia de
riesgos en los alimentos producidos para el programa espacial de EUA.
Estas instituciones habían comprendido que los
métodos de "control" de calidad existentes en ese entonces en
la industria alimentaria no permitían asegurar que
no habría problemas asociados con los alimentos, durante las misiones
espaciales. ¿Se pueden Uds. imaginar el costo de tener que "abortar"
una misión espacial porque un astronauta se enfermó de fiebre tifoidea?
Este sistema pasó al dominio público en 1971 y, a
partir de entonces, ha sido incorporado en la práctica empresarial y en
la legislación de un número grande y creciente de países. Actualmente
es parte integral del Codex Alimentarius, organización subsidiaria de la
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la
Agricultura (FAO) y de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que
cuenta con 156 países afiliados (Helguera, 1998). Sin embargo, la
verdadera fuerza motriz que ha impulsado la adopción de este sistema ha
sido el comercio, a través de la demanda de los clientes de la industria
alimentaria.
En este sistema se reconocen tres tipos de riesgos que
pueden afectar la salud pública: biológicos, químicos y físicos. Todos
son importantes, pero predominan los biológicos y, dentro de esta
categoría, los microbiológicos.
La mayoría de los problemas de salud pública causados
por falta de calidad en los alimentos se deben a intoxicaciones y a
infecciones. Las primeras se producen al ingerir un alimento que contenga
toxinas producidas por microorganismos, generalmente bacterias, mientras
que las segundas se producen al ingerir alimentos que contengan
microorganismos patógenos viables, de nuevo generalmente bacterias, que
pueden crecer y establecerse en nuestro cuerpo.
El sistema se basa en la definición operacional de
riesgo ("cualquier propiedad biológica, química o física que pueda
causar un riesgo inaceptable para la salud del consumidor") acuñada
por el Comité Nacional Asesor sobre Criterios Microbiológicos para los
Alimentos, de EUA, y consta de siete principios generales (Pierson y
Corlett, 1992)
1. Evaluación de los
Riesgos a través de todo el proceso.
2. Determinación de los
Puntos Críticos de Control que se requieren para controlar dichos
riesgos.
3. Establecimiento de los
Límites Críticos que se deben cumplir en cada uno de los Puntos
Críticos.
4. Establecimiento de
procedimientos para dar seguimiento a los límites críticos.
5. Establecimiento
de acciones correctivas que se realizarán cuando se identifique una
desviación al dar seguimiento a los Puntos Críticos.
6. Establecimiento de
sistemas eficaces de registro para documentar el sistema, y
7. Establecimiento de
procedimientos para verificar que el sistema HACCP está funcionando
correctamente.
A lo anterior comunmente se le añaden, por ejemplo, la
designación de un coordinador, el desarrollo de un diagrama de flujo del
proceso y el establecimiento de programas permanentes de capacitación
para operarios y supervisores.
Uno de los aspectos más interesantes del Sistema HACCP
es que está basado en principios generales.
Esto le permite una gran flexibilidad de adaptación a todo tipo de
empresas alimentarias pero, a la vez, contiene
un mensaje implícito de responsabilidad para la
empresa en el sentido de que, en la práctica, el sistema solamente será
tan bueno como lo sean los métodos
empleados para ponerlo en
práctica.
Es aquí donde el nivel de conocimiento de la empresa y
su filosofía gerencial juegan un papel central. Por ejemplo, hay formas
mejores que otras para hacer un flujograma del proceso, se requiere un
nivel razonable de conocimiento en ciencia y tecnología de alimentos,
particularmente en el área de microbiología aplicada; es importante que
haya una atmósfera libre de temor para que fluya la comunicación y el
sistema funcionará mucho mejor en una empresa donde la capacitación sea
vista como una inversión y no como un gasto.
Así, por ejemplo, la metodología de ISO 9000 puede
ser la mejor para fines de registro, de calibración de instrumentos de
medición y de documentación de procedimientos. De hecho, no hay
realmente incompatibilidad entre HACCP e ISO 9000. Sus fundamentos
filosóficos son muy semejantes.
Por otro lado, tal vez el mejor método que se conoce
para representar el proceso en un diagrama de flujo es el de Flujogramas
de Despliegue (Tribus, 1989), ya que permite ver y mejorar las
interacciones entre la gente y las operaciones de su trabajo. Los
diagramas de flujo tradicionales son diagramas idealizados de operaciones
y, para asegurar y mejorar la calidad y la inocuidad, no debemos olvidar
que el trabajo lo hacen las personas interactuando entre sí y con las
operaciones.
Estamos hablando, pues, de conocimiento aplicado a
lograr inocuidad y mejoramiento de la calidad. Por ejemplo, la
integración de la calidad microbiológica mediante la adición de
conservadores es una acción muy valiosa cuando el caso la amerita y
cuando se emplea el conservador adecuado y se añade en la cantidad
apropiada, pero puede llegar a ser desastrosa cuando se usa un conservador
inadecuado ya sea por falta de conocimientos, porque la empresa tiene la
política de comprar al proveedor de menor precio o, en el caso más
grave, por la combinación de ambos factores.
Algunas de las creencias equivocadas más comunes son
aquellas que afirman que todos los conservadores son eficaces en todos los
alimentos, justificándose así el empleo casi universal de aquellos de
menor precio unitario y aquellas que afirman que los conservadores
destruyen microorganismos, por lo que sirven para corregir los problemas
originados por falta de Buenas Prácticas de Manufactura en el proceso de
elaboración de los alimentos.
El ejemplo clásico es el mal uso y el abuso del
benzoato de sodio. No es inusual encontrar empresas en las que la gente no
sabe que es prácticamente ineficaz en alimentos con pH mayor a 3.5. Por
ser el conservador menos costoso, tiende a ser usado en todo tipo de
alimentos. Como consecuencia de estas creencias y prácticas equivocadas,
se tiende a descuidar el proceso y se pretende cubrir la falta de calidad
con concentraciones inadecuadas de este conservador.
Entonces, de buena fe, pero sin conocimiento suficiente,
en ocasiones fabricamos un alimento que no está debidamente protegido y
desperdiciamos recursos y oportunidades. En realidad, los conservadores
deben su nombre a que conservan una buena calidad ya existente y, desde
luego, hay distintos tipos de consevadores para distintos tipos de
alimentos.
En el caso de los quesos, por ejemplo, solamente se
pueden usar en algunos casos conservadores fungistáticos, aplicados en la
superficie del producto. Finalmente, con frecuencia se olvida que los
mejores conservadores de la calidad de los alimentos son las medidas
preventivas que enfatiza el HACCP, como la higiene y el frío. Al
desestimar la importancia estratégica del conocimiento, con demasiada
frecuencia manipulamos los símbolos de solución pero no mejoramos la
calidad.
Todo lo anterior es, ante todo, una cuestión gerencial
y no una cuestión puramente técnica. De esta manera, el sistema HACCP no
es una metodología que se puede simplemente implantar,
sino una que se debe integrar a
un sistema más grande que lo contenga y en el que encaje en armonía.
Toda empresa es un sistema en el que sus componentes deben estar
interrelacionados hacia la consecución de un propósito construido y
compartido por todos. En términos sencillos, debe haber congruencia
entre lo técnico y lo administrativo. De ahí la importancia de la
gestión de la calidad.
Aunque la falta de recursos financieros es con
frecuencia la debilidad más visible en las empresas medianas y pequeñas,
tal vez la debilidad más importante, y por lo tanto el área más
importante de oportunidad para el mejoramiento continuo en el mediano y
largo plazo, es una debilidad de índole estructural: el sistema
subyacente de gerencia. En este sentido, es importante recordar que HACCP
es una herramienta gerencial o, como la describe Jouve (1998), "un
enfoque complementario cuyo propósito es desarrollar un plan de
aseguramiento de la inocuidad específico para condiciones particulares de
producción dentro del marco de un enfoque integral hacia la calidad y la
inocuidad de los alimentos".
Una estrategia sensata para poner en práctica el
sistema HACCP debiera incluir la capacitación de la alta gerencia en
aspectos gerenciales de largo alcance, en particular control estadístico
de procesos, pensamiento sistémico y trabajo en equipo. En la siguiente
lista se incluyen algunos ejemplos que reflejan síntomas pertinentes del
estilo prevaleciente de gerencia, que se debieran estudiar y mejorar para
que la competitividad de la industria de la quesería y la inocuidad de
sus productos alcancen niveles de clase mundial en un horizonte de tiempo
razonable:
1. Los intentos por tener calidad dependen fuertemente
de la inspección de los productos terminados, en lugar de depender del
mejoramiento de los procesos "aguas arriba" y del control
estadístico. HACCP tiene un énfasis preventivo respecto a los problemas
de inocuidad y, por ello, para tener éxito se requiere un cambio en la
forma de pensar.
2. El mando y el control son una parte importante de
los valores centrales del sistema prevaleciente de gerencia, en lugar de
que ese lugar lo ocuparan el liderazgo para la calidad, el aprendizaje en
grupo y la autonomía en la toma de decisiones. El mando y el control
permiten gerenciar las acciones por separado y obtener obediencia, pero
son un obstáculo para la gerencia de las interacciones tales como el
trabajo en equipo y el mejoramiento de la calidad, que son esenciales y
requieren compromiso.
3. Muchas veces el personal no tiene suficiente
información más allá de sus tareas específicas y la información fluye
con dificultad. Esto no es solamente un obstáculo para la creatividad y
la innovación, sino además para la respuesta rápida y eficaz a los
riesgos de salud pública.
4. Tal vez debido en buena medida a la falta de
recursos financieros, las políticas de compra muchas veces están
inclinadas hacia el menor costo posible. Este es un obstáculo contra las
relaciones de largo plazo con el menor número posible de proveedores,
crea variación innecesaria en la calidad y aumenta significativamente la
cantidad de inspecciones. Como resultado de todo esto, los costos de
operación son mucho mayores de lo necesario y el control y aseguramiento
de la calidad y de la inocuidad se vuelven extremadamente difíciles.
5. Con frecuencia hay exceso de personal en las plantas
de quesería. Si esto es injustificado, tiene un impacto significativo en
la competitividad y hace que la operación, incluyendo HACCP, sea más
compleja y costosa de lo necesario. Por otro lado, el "adelgazamiento"
o despido de personal no es una solución por sí misma y está
prácticamente condenada a fracasar si no se estudian cuidadosamente y con
anterioridad las causas de fondo qie están detrás del exceso de
personal.
6. La división estricta y rígida de funciones tiene
como consecuencia un alto grado de fragmentación. La gente sabe qué
hacer, pero es improbable que sepa por
qué hace su trabajo y cómo
encaja éste en el sistema más grande. Puesto que los procesos ocurren a
través de todas las funciones,
mejorar su desempeño en empresas fragmentadas es muy difícil. Bajo estas
condiciones, es altamente probable que exista una sensación falsa de
seguridad en lo que concierne a la inocuidad, que la respuesta a los
problemas de inocuidad no sea oportuna y que la gente no sienta orgullo
por su trabajo. Este último aspecto, aunque intangible, tiene un impacto
significativo en la eficacia de una herramienta gerencial como HACCP.
Desde luego, estas debilidades del sistema gerencial
están interrelacionadas y no sólo afectan las probabilidades de éxito
con HACCP, sino que de hecho trabajan en contra del aseguramiento
preventivo de la inocuidad. Entonces, el estilo gerencial es una parte
importante del problema de inocuidad, pero también es una parte
importante de la solución.
En última instancia, lo que se requiere es una
transformación de la gerencia. Aunque esto toma años, además de la
intención de hacerlo, de la constancia de propósitos y del uso de
métodos adecuados, es importante adquirir consciencia de que vivimos en
una nueva era económica que requiere un estilo gerencial cualitativamente
diferente para alcanzar una
posición competitiva razonable. Desde luego, esto tiene que ver con
aprendizaje colectivo y no con señalamiento de culpables. Cuando se
enfatiza la gerencia de las interacciones, los señalamientos de
culpabilidad no sólo son irrelevantes, sino además contraproducentes.
Debido a muchas razones comprensibles, lo que prevalece
en la industria de quesería es la gerencia
por cantidad, y no la gerencia
por calidad. Por ejemplo, se pone un gran énfasis en cumplir con cuotas
de producción a como dé lugar; lo que constituye un obstáculo
formidable para el control y el mejoramiento de la calidad.
Este es un asunto que no se debiera soslayar o subestimar, porque la
implantación (antisistémica) de sistemas de calidad e inocuidad conlleva
un alto grado de riesgo de fracaso, que ocurre típicamente a los dos o
tres años de haber comenzado.
En general, los sistemas gerenciales de inocuidad aún
no están desarrollados adecuadamente en la industria pequeña y mediana
de quesería en América Latina, además de que los recursos financieros
son escasos. Por consiguiente, al considerar estrategias para poner en
práctica HACCP, es importante detenerse un momento y reconocer que hay
una interdependencia crítica entre HACCP y los Programas de Prerequisitos
(PPR); es decir, todas aquellas prácticas y condiciones que son
esenciales para la inocuidad y que necesitan estarse practicando antes de
intentar poner en práctica un sistema como HACCP.
No es posible sobre-enfatizar que las Buenas Prácticas
de Higiene (BPH) y las Buenas Prácticas de Manufactura (BPM) "son
condiciones frontera para la producción, manufactura y distribución de
alimentos inocuos y saludables" (Jouve, 1998). Lo que esto significa
en la práctica es que estos requisitos básicos se deben cumplir antes, y
distinguirse, aunque no
separarse, del desarrollo del sistema HACCP. Después
de todo, HACCP fue creado y desarrollado originalmente desde la
perspectiva de industrias alimentarias de gran tamaño en las que las BPM
se tomaban por dadas.
Desde esta perspectiva, el establecimiento y
verificación de las BPM debiera ser una de las primeras actividades
dentro de una estrategia gradual para poner en práctica el HACCP. De
hecho, cumplir con los pre-requisitos de HACCP en la industria de la
quesería puede demandar más recursos financieros que poner en práctica
el mismo HACCP.
Dadas las restricciones financieras prevalecientes, es
poco probable que las empresas pequeñas dirijan estos esfuerzos en forma
independiente; más bien, como sucede con los negocios menos desarrollados
en general (World Health Organization, 1999) es más probable que se
requiera algún tipo de intervención gubernamental, que pudiera incluir
ayuda para la capacitación y el establecimiento de prioridades y de
medidas obligatorias para aquellos productos y procesos identificados como
de alta prioridad.
El reto no es trivial. Por ejemplo, es muy probable que
en la mayoría de las plantas se deban mejorar por lo menos las siguientes
condiciones básicas operativas y ambientales, para llevarlas a su estado
de normatividad:
* Baños y sanitarios.
* Instalaciones para lavarse
e higienizarse las manos.
* Otras instalaciones y
materiales para la higiene personal (cofias, cubrebocas, batas, botas,
guardarropas).
* Instalaciones para
disponer de basura y otros desechos.
* Instrumentación de
registro de tratamientos tiempo-temperatura para los equipos de
pasteurización.
* Instrumentación para la
medición de pH.
* Instrumentación para la
medición de actividad de agua.
* Equipo de diseño
apropiado para la pasteurización de la leche.
* Vehículos refrigerados de
transporte para la distribución del producto terminado.
* Laboratorio de
microbiología.
* Salas de capacitación,
equipo audio-visual y materiales para capacitación.
Prácticamente todos los empresarios y las agencias
gubernamentales están dolorosamente conscientes de estas necesidades, por
supuesto. Se mencionan aquí sobre todo para ilustrar que la mayoría de
los programas de cumplimiento con prerequisitos requieren también
recursos financieros.
La capacitación es una actividad esencial y permanente,
y debiera realizarse en instalaciones razonablemente adecuadas para el
propósito. Más aún, la inocuidad es algo que se va construyendo a
través de toda la cadena agroalimentaria, y no solamente dentro de las
plantas de procesamiento; por lo que esto sugiere que se haga una
distinción entre actividades gubernamentales, centradas en la
legislación y en el cumplimiento regulatorio, y actividades dentro del
ámbito de la producción primaria de leche, de las plantas de quesería y
de la distribución y el consumo de los productos terminados.
Si se deposita toda la responsabilidad por la inocuidad
en manos de los empresarios queseros, aún el mero seguimiento de todas
las materias primas en la búsqueda de riesgos probables se vuelve costoso
e ineficaz, la transición a pensar en forma preventiva se vuelve
prácticamente imposible y los demás "grupos de interés",
tales como los productores de leche, los que transportan leche cruda de
las fincas a las plantas, los distribuidores de los quesos y los
operadores en las organizaciones comerciales que atienden al público
pudieran perder la oportunidad de mejorar sus propias operaciones.
Una premisa subyacente es que, además de tener los
Programas de Requisitos operando, la gente tenga acceso a los materiales
de apoyo, al equipo, a la capacitación y a la información. Tomando en
cuenta que este esfuerzo toma necesariamente varios años, y que hay menos
experiencias en la industria de productos lácteos que en otros ramos de
la industria alimentaria, es esencial que los "grupos de interés"
estén involucrados en el proceso de desarrollo desde el comienzo; es
decir, desde la etapa de diseño.
Como sucede generalmente en todos lados, hay más problemas que
recursos y por lo tanto se vuelve imperativo establecer prioridades. Esta
es una cuestión de juicio de valor, pero se debieran considerar los
siguientes criterios:
1) Alimentos
y procesos de alto riesgo, y las características de sus consumidores
(quesos blancos de alta humedad, sin fermentos lácticos, por ejemplo).
2) Impacto económico de la
calidad de los productos sobre la rentabilidad de la empresa.
3) Cantidad de inversión
requerida.
4) Información
epidemiológica acerca de las enfermedades transmitidas por los
alimentos producidos por la empresa.
La construcción de un sistema eficaz de inocuidad
alimentaria a través de una cadena agroalimentaria es un proceso
iterativo de aprendizaje para todos los involucrados. Por consiguiente, es
sabio visualizar a largo plazo. Parte de ésto tiene que ver con el
involucramiento de los productores de leche.
Por ejemplo, un plan HACCP en cualquier empresa de
quesería que use leche cruda como materia prima significa que
necesariamente se debe tener un escrutinio estrecho sobre la leche cruda
y, como consecuencia, de su fuente: la finca o granja lechera. Aunque aún
no es obligatorio, en varios países ya se está pensando en poner en
práctica el sistema HACCP en la granja o finca lechera (Cullor, 1997;
Ponce-Ceballo, 1999).
Los planes tradicionales de incentivos para la
producción de leche con alta calidad microbiológica dependen
básicamente de bonos y penalizaciones, pero esto no es suficiente para el
éxito de HACCP, con su énfasis en acciones preventivas. Por lo tanto,
también se necesita capacitar a los productores de leche en sistemas
aplicados de inocuidad alimentaria y es importante ayudar a facilitar la
adquisición de conciencia de los beneficios económicos de estos sistemas
en el plazo más largo.
Tener Procedimientos Estándar de Operación (PSO) y Procedimientos
Sanitarios Estándar de Operación (PSEO) por escrito no significa mucho
en la práctica cuando la gente se ve obligada a
trabajar con lo que tiene a su alcance, aún si es inapropiado o
insuficiente. No es inusual observar en la industria latinoamericana de
quesería que se requiere mucho ingenio y sacrificio personal para
mantener las plantas en operación. Se sabe a qué hora comienza el
trabajo, pero la hora de salida es impredecible, ya que está sujeta a la
cantidad requerida de producto y a los problemas operativos impredecibles
que habrá que resolver sobre la marcha.
Más aún, trabajar bajo tales condiciones de
incertidumbre genera costos escondidos adicionales, tales como no tener
tiempo para leer literatura técnica y comercial, ni para pensar acerca de
cómo mejorar el sistema de producción. Aunque son aparentemente
pequeños cuando se intenta expresarlos en cifras numéricas, estos costos
no debieran subestimarse porque se acumulan de forma exponencial con el
pasar de los años.
Es extremadamente difícil mantenerse actualizado con
los desarrollos tecnológicos y gerenciales si el aprendizje
organizacional en las plantas de quesería solamente se da a través de la
experiencia operacional bajo condiciones difíciles.
Es importante reconocer que HACCP es solamente una
parte de un esfuerzo integrado y más amplio, que toma tiempo desarrollar.
En términos de estrategia para poner este sistema en funcionamiento, se
debe contar con una plataforma básica que permita poner en práctica el
sistema de forma gradual, paso a paso. No se debe esperar que este proceso
tome menos de alrededor de tres a cinco años.
El mejoramiento de los recursos de información
técnica y gerencial en las empresas debiera incluir la membresía del
país en la Federación Internacional de Lechería, aunque el esfuerzo
global debe involucrar no solamente libros y revistas técnicas,
computadoras, etc., sino aspectos gerenciales tales como adecuar las
políticas de acceso de todo el personal a la información.
Uno encuentra que, en general, a Ia gente en las empresas le gusta la
idea de trabajar para el mejoramiento. También se siente orgullosa de
lograr lo que logra, bajo circunstancias a veces difíciles, y tiende a
pensar que todo sería mejor si se tuvieran más recursos económicos.
La motivación para el mejoramiento es una fuente
importante de fortaleza, pero no siempre se justifica la creencia que todo
es cuestión de dinero. De hecho, los recursos financieros son solamente
una parte importante de los esfuerzos necesarios para mejorar la posición
competitiva.
Cuando hay dinero suficiente, pero no se reinvierte en
la empresa, uno de los efectos más serios, además de los riesgos
relacionados con la salud pública, es un costo mucho más alto de
producción. Lo que esto significa es que es más económico en el mediano
y largo plazo reinvertir en la empresa, para mejorarla, que continuar
operando bajo condiciones alejadas del óptimo.
Uno de los efectos de la falta de inversión es que
muchas plantas no están listas para un programa como HACCP, debido a que
no cumplen con algunas de las precondiciones relacionadas con
insfraestructura e instalaciones apropiadas. Si se intenta poner en
práctica el sistema HACCP sin estos prerequisitos, principlamente Buenas
Prácticas de Manufactura (BPM) e instrumentación adecuada para la
medición de temperatura y pH, necesariamente se tendrá un número
excesivo de Puntos Críticos de Control, lo que hace que el sistema sea
difícil de manejar y podría ser la causa de que falle (Mitchell, 1998).
En síntesis, la debilidad principal de la mayoría de
las empresas pequeñas y medianas de quesería en América Latina es la
falta severa de recursos financieros, el hecho de que las plantas no
están listas para HACCP y el sistema gerencial subyacente, que
generalmente le otorga poco valor al conocimiento, le pone demasiado
énfasis al corto plazo y depende fuertemente de la autoridad formal, el
mando y el control.
Tenemos ciertamente un reto difícil, pero también hay
una gran fortaleza en la intención por aprender y trabajar juntos para
mejorar el desempeño de nuestras empresas y el bienestar de nuestra gente
y ésta es una gran
fuente de apalancamiento para llegar a ser, luego de algunos años,
altamente competentes.
5.4 UN SISTEMA INTEGRAL DE CALIDAD E INOCUIDAD
HACCP es el mejor sistema preventivo de aseguramiento
de la inocuidad que la industria alimentaria ha sido capaz de desarrollar
en la práctica, pero no es un sistema perfecto; como toda creación
humana es susceptible de ser mejorado y, de hecho, está madurando y
evolucionando.
Sin embargo, precisamente porque es un sistema que fue
originalmente diseñado para asuntos específicos y exclusivos de salud
pública, ha dado lugar a controversias que aún persisten, pues hay
quienes creen que su papel debe permanecer restringido a cuestiones de
salud pública pero también hay otros que creen que debiera formar parte
de un sistema integral de control y mejoramiento de la calidad en su
acepción más amplia y profunda. Esta controversia no ha sido resuelta y
algunos expertos en la materia temen que la integración de los sistemas
de calidad y de inocuidad diluya los esfuerzos para controlar los
atributos asociados con la salud pública (Buchanan, 1990).
También hay evidencia creciente de que tales temores
pueden ser infundados, en el sentido de que se han previsto y observado
beneficios tangibles significativos al integrar HACCP con las herramientas
del Control Estadístico de Procesos (White, 1988; Surak et al., 1998) o
con sistemas de gerencia de calidad total tales como los propuestos por
Deming o Ishikawa (Anónimo, 1991; Bolton et al., 1999). Es muy probable
que estas integraciones conceptuales y operativas sean las que prevalezcan
en el futuro previsible.
De cualquier forma, actualmente, cuando la gerencia de
una empresa de la industria de productos lácteos decide iniciar el camino
del mejoramiento de la calidad en forma sistemática; es decir, con un
método, se encuentra ante una situación confusa pues algunos clientes
demandan Certificación ISO, otros Certificación HACCP y, al mismo tiempo,
al examinar la oferta
de servicios de consultoría y capacitación, la
empresa se encuentra con un número grande de opciones que van, además de
ISO y HACCP, desde el Sistema de Conocimiento de W. Edwards Deming hasta
"Calidad Total", "Benchmarking", "Facultamiento"
y "Reingeniería", por mencionar las más frecuentes.
Claramente, no es sencillo para el empresario saber,
con poca incertidumbre, cuál es el mejor enfoque para su empresa. En esta
situación, tal vez la mejor recomendación inicial es solicitar la ayuda
de un colega empresario que haya tenido éxito sostenido algunos años, no
para copiar el enfoque, sino para estudiarlo.
Algunos aspectos son candidatos naturales para el
mejoramiento de HACCP y, para explorar algunos, vale la pena ver primero
algunas de las definiciones operacionales más importantes de este sistema
(Pierson y Corlett, 1992) :
Punto Crítico de Control.
Cualquier punto o procedimiento en un sistema específico de producción
de alimentos, en el que la pérdida de control puede causar un riesgo
inaceptable para la salud pública.
Límite Crítico.
Unas o más tolerancias que se deben cumplir para asegurar que un punto
crítico de control efectivamente controla un riesgo microbiológico,
químico o físico. Los límites en estos puntos representan las fronteras
para considerar que el alimento es seguro.
Seguimiento.
Una secuencia planificada de observaciones o mediciones, diseñada para
producir un registro preciso y verificar que el procedimiento en un punto
crítico de control esté dentro de los límites críticos.
Control. El manejo de
las condiciones de una operación, para mantener el cumplimiento con los
criterios establecidos.
En otras palabras, se trata de que, cuando no se cumple
con un Límite Crítico en un Punto Crítico de Control, se debe parar el
proceso y se deben efectuar las medidas correctivas del caso. Desde luego,
el propósito es noble, pero lo que falta por definir es un método, mismo
que el sistema
deja a la discreción de la industria. La ausencia de
un método pudiera ser un reflejo de la flexibilidad requerida para que el
sistema HACCP se pueda adaptar a cualquier proceso de manufactura de
alimentos pero, por otro lado, las definiciones operacionales quedan
incompletas, no permiten establecer un lenguaje común en el que estén de
acuerdo todos los involucrados y, finalmente, dejan abierta la posibilidad
de que el sistema no cumpla con sus propósitos, pues no todos los
métodos del "control de la calidad" la controlan en realidad.
Como es de anticiparse, la práctica prevaleciente en
la industria consiste en cambiar las condiciones del proceso cada vez que
se incumple una especificación hasta que, en la siguiente observación,
se verifique que el proceso cumple de nuevo con las tolerancias
especificadas en los límites críticos. Este es el problema. Suena
lógico, pero no sólo no funciona en forma sostenida sino que empeora el
desempeño del proceso la mayoría de las veces.
A simple vista, todo da la impresión de que la calidad
en la industria de la quesería sería una maravilla si tan sólo todas
las empresas tuvieran certificación HACCP y, mejor aún, certificación
ISO además. La pregunta crítica es: ¿Será
cierto ésto? Si no fuera así,
pudiera ser que estuviéramos ante un caso de aplicación del Teorema No.
2 del Dr. W. Edwards Deming: "Estamos siendo arruinados por gente
haciendo su mejor esfuerzo".
Tal vez el área principal de oportunidad para mejorar
ésto reside en que HACCP es un sistema basado en el cumplimiento con
especificaciones; en otras palabras, mientras el proceso o el alimento no
se sale de especificaciones, se supone que todo marcha bien y, cuando se
sale de especificaciones, se supone que algo marcha mal y se toman
acciones correctivas, generalmente haciendo algún cambio en el proceso.
Considerando que cerca del 94 % de las variaciones se
deben a causas comunes, como se ilustró en la Figura 6, es fácil
equivocarnos al cambiar un proceso sin saber qué fue lo que hizo que se
saliera de especificaciones. De hecho, casi siempre el desempeño del
proceso empeorará. Lo que esto nos indica es que, para que un sistema
como HACCP sea eficaz, también los gerentes requiere capacitación en los
conceptos y las herramientas para el mejoramiento de la
calidad, no sólo los operarios y supervisores. Los operarios y
supervisores trabajan dentro del sistema, mientras que la tarea de los
gerentes es trabajar sobre el sistema, con la ayuda de todos, para
mejorarlo.
Una de las tareas principales de los gerentes consiste
en crear un medio ambiente en el que se pueda aprender, dialogar,
experimentar sin temor, estudiar el entorno, trabajar en equipo, reducir
las distancias sociales en-tre la gente, comunicarse en la verdad,
expresar la creatividad; en otras palabras, crear un campo que permita
comprometerse con la calidad como forma habitual de trabajo y sentir
orgullo y alegría en el trabajo y en el aprendizaje.
Es posible apreciar el grado de avance en esta
transformación al visitar empresas de clientes o proveedores potenciales.
Se recomienda que se ponga especial énfasis en observar y escuchar
cuidadosamente, siendo inquisitivo solamente en relación con los asuntos
explícitos y la información factual más importante. Bajo la premisa que
"un sistema sólo da lo que es capaz de dar", mediante
observación y la experiencia en el campo no es difícil inferir, con poca
incertidumbre, la estructura fundamental y las políticas que generan los
acontecimientos que uno observa y escucha, tales como las condiciones
físicas en las plantas de quesería, las actitudes del personal, el nivel
de tecnología, el conocimiento acerca de la ciencia y la tecnología
relevantes, el flujo de información, los niveles de autonomía para la
toma de decisiones, las formas de pensar, las percepciones de la gente
acerca de sus problemas y sus posibles soluciones, etc.
Todo esto es parte del desempeño del sistema y tiene
un impacto definitivo sobre todas las dimensiones de la calidad (Deming,
1994), incluyendo la inocuidad. Aunque es interesante, y aún muy
importante para ciertos propósitos, inspeccionar documentos y
procedimientos escritos, no es suficiente, sigue habiendo gran
apalancamiento en observar y escuchar.
Por ejemplo, es importante observar si la empresa está
comprometida con políticas gerenciales de tal forma que no quede fuera
del sistema HACCP ninguna parte de la cadena "de la finca a la
mesa", de la cuál una parte esencial es la producción de leche en
el campo, y que todos compartan ser
"dueños" de los esfuerzos diarios para
asegurar y mejorar la inocuidad, desde los gerentes hasta los operarios,
con el propósito último de que el sistema HACCP funcione con eficacia en
el piso de producción.
Lo anterior constituye, implícitamente, una propuesta
para mejorar el sistema HACCP cambiando el enfoque de cumplimiento con
especificaciones y substituyéndolo por el pensamiento estadístico y las
herramientas del Control Estadístico de Procesos, integrando además el
sistema de conocimiento de Deming y procedimientos ISO-9000 actualizados
para registro, documentación y calibración, que encajan muy bien en esta
propuesta de síntesis.
Por otro lado, además de los cambios sugeridos arriba,
tal vez sería necesario también mejorar la nomenclatura; por ejemplo, el
término "límites críticos" causa confusión con el término
"límites de control" ya que el primero se refiere a
especificaciones mientras que el segundo se refiere a la definición
operacional de estabilidad dinámica del proceso en el tiempo.
El mensaje central de esta propuesta es que, para ser
eficaces, la estandarización y los esquemas de inspección deben ser
parte de un sistema más grande que los contenga pues, de otra manera, se
puede frecuentemente dar el caso de que la industria de quesería haga muy
bien, con eficiencia, lo que no se debe hacer; es decir, que puede caer,
de buena fe, en la trampa de institucionalizar la disfuncionalidad, de
mejorar la calidad de lo que no debiera existir.
En ese sistema más grande se encuentra la motivación
intrínseca de la gente por mejorar la calidad, la inclusión del cliente
para ser el verdadero "certificador", el cuestionamiento de los
valores nucleares de la empresa, el estudio permanente del entorno, la
ausencia de temor para la experimentación y para cometer errores, la
cultura de la auto-observación y el diálogo y un medio ambiente que
facilite el trabajo en equipo, el aprendizaje social, la expresión de la
creatividad y la innovación. Anticipación, prevención, atención
concentrada "aguas arriba", pensamiento sistémico y pensamiento
estadístico son, en esta
propuesta, valores superiores, pero concatenados, a estandarizar,
inspeccionar y certificar.
Dicho de otra manera, la propuesta para la industria de
la quesería es que sí es posible asegurar la inocuidad de sus productos,
pero que un método mejor para lograrlo consiste en hacer una síntesis
entre HACCP, el Sistema de Conocimiento de Deming y algunas partes de ISO
9000.
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