2.1 INTRODUCCIÓN
La estructura final de un queso blanco pasteurizado, tal vez
el queso más común en America Latina, consiste básicamente de una fase
discreta o discontinua de materia grasa dentro de una matriz continua de
proteína altamente hidratada. Puesto que generalmente no se usan fermentos
lácticos para fabricar este tipo de queso, su pH es más bien alto, entre 6.2 y
6.5, ligeramente inferior al de la leche. Además, se trata generalmente de
quesos de muy alto contenido de humedad ( 50 % - 56 %) y por estas dos razones
son productos altamente perecederos cuya fabricación apropiada requiere
estrictamente de Buenas Prácticas de Manufactura (BPM) e idealmente de HACCP.
En varios países, estos quesos tienen un alto contenido de sal, entre 3 % y 5
%, pero ésto no es suficiente para aumentar significativamente su intrínseca
corta vida de anaquel.
Como en el caso de cualquier otro queso (Lawrence et al.,
1983), solamente las proteínas están involucradas en la formación de la
estructura básica del
queso blanco. De hecho, cualquier modificación en la naturaleza o en la
cantidad de proteína en un queso modificará su estructura (Adda et al., 1982).
Por ejemplo, la firmeza de un queso aumenta en proporción a la relación
proteína/agua y el pH determina qué tan elástica o quebradiza es la textura
del queso. Algunas propiedades importantes desde el punto de vista tecnológico,
tales como la capacidad de retención de agua y de grasa, dependen de las
condiciones en las que se forma la cuajada y son a final de cuentas un reflejo
de variaciones estructurales (Green, 1980). En otras palabras, la premisa aquí
es que la estructura determina las propiedades funcionales aunque, desde luego,
la conexión es frecuentemente compleja y no siempre clara.
Por otro lado, el coágulo producido por la acción del cuajo
es una entidad dinámica, que en términos estrictos nunca alcanza un estado
final de equilibrio. El proceso mediante el cuál la cuajada va adquiriendo
firmeza involucra la formación de entrecruzamientos entre las micelas de
caseína, dando lugar a una red cada vez más reticulada y fuerte, lo
que hace que el gel protéico se encoja gradualmente, expulsando lactosuero y
atrapando y distorsionando los glóbulos de grasa. La manipulación de todas
estas condiciones por parte del quesero es lo que da lugar a la gran variedad de
quesos.
Partiendo de la premisa de que estos atributos o propiedades
funcionales son en última instancia un reflejo de la estructura del queso, el
enfoque en esta sección está dirigido hacia la descripción de los mecanismos
fundamentales de formación de la estructura básica de los quesos en general,
pero excluyendo todos aquellos aspectos que tengan que ver con el uso de
fermentos lácticos y, por consiguiente, con la modificación de la estructura
básica mediante maduración o añejamiento.
El principal razonamiento detrás de este enfoque es que, de
cualquier manera, prácticamente todos los quesos comparten estos mecanismos
fundamentales y que la gran variedad de quesos es producto de la manipulación,
por parte del quesero, de dicho complejo conjunto de mecanismos. Por otro lado,
como se mencionó arriba, los quesos blancos latinoamericanos se elaboran
generalmente sin usar fermentos o cultivos lácticos.
Finalmente, se trata de hacer explícitos conocimientos con
alto potencial para innovar y esto necesariamente requiere de experimentación.
Desde ese punto de vista, la información en este libro se puede considerar como
un portafolio de opciones que vale la pena explorar en la práctica, para
validarlas, modificarlas o desecharlas por otras mejores con mayor conocimiento
de causa.
Tomando en consideración todo lo anterior, el énfasis de
las recomendaciones está puesto en opciones tecnológicas para manipular y
optimizar las interacciones entre las proteínas de la leche y el agua, ya que
las características físicas de un queso están determinadas, ante todo, por la
estructura y el arreglo de las proteínas hidratadas en el gel que resulta de la
coagulación de las proteínas mediante la acción del cuajo.
Desde luego, aunque con menor énfasis, también se incluyen
opciones para optimizar las interrelaciones con la materia grasa, ya que dentro
del propósito de optimización de rendimiento también se busca que el gel
tenga una amplia capacidad de retener materia grasa.
La distribución de los componentes sólidos de la leche
entre el queso y el lactosuero depende principalmente de tres factores: la
composición de la leche, la composición deseada en el queso y la eficiencia de
la transferencia de dichos componentes. La Tabla 3 muestra dicha distribución
para el caso de un queso blanco típico latinoamericano.
Como podemos apreciar en dicha Tabla, los nutrimentos de la
leche se distribuyen casi por igual entre el queso y el lactosuero, en términos
globales de masa o peso. Esta es una de las razones fundamentales por las que es
importante darle un uso con valor agregado al lactosuero, idealmente para
consumo humano.
|
TABLA 3
DISTRIBUCIÓN DE LOS SÓLIDOS DE 100 KG DE LECHE
ENTRE EL QUESO BLANCO Y EL LACTOSUERO
|
| Componente |
LECHE |
QUESO BLANCO |
LACTOSUERO |
|
Proteínas
|
3.1 kg |
2.3 kg |
0.8 kg |
|
Grasas
|
3.4 kg |
3.1 kg |
0.3 kg |
|
Lactosa
|
4.7 kg |
0.2 kg |
4.5 kg |
|
Minerales
|
0.9 kg |
0.5 kg |
0.4 kg |
|
|
12.1 kg
(100%) |
6.1 kg
(~50 %) |
6.0 kg
(~50%) |
2.2 FORMACIÓN DE LA ESTRUCTURA BÁSICA
El paso inicial en la fabricación de la mayoría de los
quesos es la gelación o coagulación de la caseína, inducida mediante la
acción combinada de enzimas proteolíticas (cuajos de distintos tipos) y calcio.
Este proceso se dividide usualmente en dos fases: la fase primaria o enzimática
y la fase secundaria o de agregación, aunque algunos autores incluyen como fase
terciaria a la sinéresis o expulsión de lactosuero y al rearreglo estructural
de la red protéica.
La primera fase consiste de una reacción altamente específica entre el
cuajo y la k-caseína
que se encuentra principalmente en la superficie de
las micelas de caseína. Hay un corte proteolítico en el enlace Fe105-Met106
de la k-caseína,
que genera dos péptidos con propiedades muy distintas. El glicomacropéptido
formado por la cadena entre los residuos de aminoácidos 106 a 169 es
hidrofílico y soluble. Este fragmento, que representa cerca del 4% de la
caseína total (Callanan, 1991), pasa a formar parte del lactosuero y por tanto
no contribuye al rendimiento. El otro fragmento, formado por la cadena entre los
componentes 1 a 105, se denomina para-k-caseína,
es altamente hidrofóbico y permanece enlazado a las micelas.
El efecto inicial de esta reacción es una reducción
drástica en la carga eléctrica negativa de la superficie de las micelas, que
permite el acercamiento entre sí de las micelas modificadas y facilita así la
segunda fase de agregación de las micelas para formar un gel, en la que el
calcio (Ca++) juega un papel importante como acelerador del proceso.
De ahí en adelante, la fabricación de queso se puede
considerar básicamente como la eliminación de agua, o concentración de
sólidos, a partir del gel o coágulo formado mediante la acción del cuajo. En
este proceso de deshidratación, la caseína y la materia grasa de la leche se
concentran por un factor cercano a 8 - 10 veces, dependiendo del contenido de
humedad en el queso.
En la leche, las micelas de caseína contienen cerca de 2 gramos de agua por
gramo de caseína. El grado al que se retiene la estructura de las
micelas de caseína en su forma original depende en gran
medida de la pérdida de fosfato de calcio y esta pérdida, a su vez, depende
del pH en el momento en el que se retira el lactosuero de la cuajada. Por eso,
tratándose de quesos en general y ciertamente de quesos madurados, una de las
maneras más importantes para eliminar el agua consiste en disminuir el pH de la
cuajada (Lawrence et al., 1983). La Figura 1 muestra la relación entre el pH
hasta el momento del desuerado y la estructura básica de un queso.
En el caso de muchos quesos blancos latinoamericanos, no se
usan fermentos o cultivos lácticos y el queso tiene un pH muy similar al de la
leche. En dicho caso, la eliminación y control de la humedad se realizan
principalmente mediante el tamaño y uniformidad del corte de la cuajada, la
agitación y el calentamiento gradual de la mezcla de cuajada y lactosuero.

FIGURA 1. La relación entre el grado de producción de
acidez hasta la etapa de desuerado y la estructura básica del queso.
(Lawrence et al., 1983).
La relación que se muestra en la Figura 1 ha sido
corroborada en la práctica. Por ejemplo, la unidad estructural en la matriz
protéica de queso Blanco, Suizo o Gouda (en los que hay poco desarrollo de
acidez) tiene la misma forma globular y dimensión que las de las sub-micelas
originales en la leche, mientras que en los quesos Cheddar y Cheshire (en los
que la producción de acidez es mayor), los agregados protéicos son de mucho
menor tamaño y han adaptado la forma de tiras o cadenas (Lawrence et al.,
1983). En otras palabras, a medida que baja el pH y se disuelve el fosfato de
calcio coloidal, las micelas van perdiendo su identidad original y dan lugar a
estructuras diferentes.
La firmeza de la red protéica depende también de factores
tales como el contenido de agua, el contenido de grasa y el contenido de
minerales. Un contenido alto de humedad o grasa debilita la firmeza de la
estructura dado que, necesariamente, las proteínas deben estar más alejadas
entre sí.
El calcio y el fosfato afectan casi todos los aspectos de la fabricación de
queso. La concentración de Ca y PO4 en la leche es de cerca de 117 y 203 mg/100g, de los cuales aproximadamentre 68 y 46%,
respectivamente, están en forma insoluble a pH 6.6. Este calcio y fosfato
enlazados se transfieren a la cuajada pero se disuelven gradualmente a medida
que baja el pH; por ejemplo, a pH 5.3, que es muy similar al pH de quesos tales
como Cheddar, Chihuahua (queso mexicano similar al Monterey Jack estadounidense),
Mozzarella y Oaxaca (queso mexicano de la familia de los quesos de pasta hilada)
al final de su fabricación, prácticamente todo el fosfato de la leche está
solubilizado, mientras que cerca del 14% del calcio sigue presente dentro de las
micelas de caseína (Lucey y Fox, 1993).
Más allá de los cambios estructurales, el contenido final
de calcio y fosfato en un queso contribuye significativamente al rendimiento.
Por ejemplo, estos minerales representan cerca del 1.6 % de la masa del queso
Cheddar y cerca del 1.9 % de la masa del queso Gouda (Emmons et al., 1991). Si
se eliminaran, el rendimiento (calculado a humedad constante) disminuiría cerca
de 2.9 y 3.2 %, respectivamente. Los quesos blancos elaborados sin fermentos ni
acidificación de otro tipo (a pH alrededor de 6.2 - 6.5) retienen entonces
mayor proporción de estos minerales que un
queso Gouda y, en el otro extremo, quesos altamente ácidos como el Cottage y
el Quarg retienen menor proporción que un queso Cheddar.
La adición de Ca++ en forma de cloruro de calcio
aumenta ligeramente la firmeza mecánica de la cuajada, siempre y cuando la
concentración no sea mayor de 10mM, equivalente a 40 g de calcio/100 l de leche
(Lucey y Fox, 1993). En ausencia de tratamientos térmicos especiales, lo usual
es añadirle a la leche 20 g de cloruro
de calcio/100 l, que equivale a cerca
de 7 g de calcio/100 l. Por otro lado, la acidificación de la leche aumenta la
actividad de los iones Ca++, disminuyendo el tiempo de coagulación y
aumentando también la firmeza mecánica de la cuajada (Lucey y Fox, 1993).
La materia grasa es el componente más importante, después
de las caseínas, para la formación de estructura y para el rendimiento en
quesería.

FIGURA 2. Diagrama esquemático de los tamaños relativos de un glóbulo de
grasa, una bacteria y una micela de caseína. (1 mm
= 0.001 mm, 1 nm = 0.001 mm)
En la leche entera, la grasa está presente en la forma de
glóbulos de grasa rodeados por una membrana cuyos constituyentes principales
son fosfolípidos y proteínas. El diámetro de estos glóbulos varía entre 0.1
mm y
10 mm
(Evans, 1986) y el promedio está dentro del rango entre 3 y 4 mm
(Bylund, 1995). La Figura 2 muestra un diagrama esquemático de un glóbulo de
grasa de leche de vaca recién ordeñada. Se ilustra también, para fines de
comparación, el tamaño del glóbulo de grasa (3 - 4 mm)
en relación con el tamaño de una micela de caseína (20 - 600 nm) y de una
bacteria (1 mm).
Generalmente no es usual homogenizar la leche para quesería,
aunque algunos industriales lo hacen. La homogenización de la leche causa una
reducción en el tamaño de los glóbulos de grasa y por consiguiente un aumento
en el área superficial de la materia grasa, lo que altera a la mem-brana
original puesto que la concentración de este complejo es ahora insuficiente
para cubrir toda la superficie resultante de la homogenización. Las nuevas
membranas consisten de material de las membranas originales, más proteínas
adsorbidas provenientes de la fase acuosa de la leche.
Cuando se homogeniza la leche, las micelas de caseína se
adsorben rápidamente para cubrir los glóbulos de grasa recién formados. Esto
se puede deber a las propiedades tensoactivas de las caseínas, que tienen un
grado considerable de hidrofobicidad. Los glóbulos de grasa en la leche
homogenizada contienen suficiente caseína adsorbida como para que su densidad
aumente, lo que es un mecanismo de estabilización contra la separación de
crema (Morr, 1975) y constituye la razón por la cuál se homogeniza la leche
para consumo como tal.
Como indican Aguilera y Kessler (1989), los glóbulos de
grasa se pueden comportar como núcleos de copolimerización que refuerzan el
gel de caseína. La grasa recubierta de proteína puede enlazar cantidades
adicionales de proteína y ayudar así a la formación del gel reforzado. Sin
embargo, un factor crítico en este proceso es la presión de homogenización de
la grasa, que debe resultar en glóbulos pequeños recubiertos de proteína. Partículas
grandes de grasa pueden lograr el efecto contrario; es decir, interferir con la
formación de la matriz protéica.
Cano-Ruiz y Richter (1997) publicaron algunos efectos de
estas variables en el tamaño de los glóbulos de grasa, en la adsorción de
proteína por unidad de área superficial de grasa y en la composición de la
proteína adsorbida. Como era de esperarse, encontraron que al aumentar la
presión de homogenización (30, 60 y 90 MPa, equivalente a 5000, 8702 y 13054
lbs/pulg2), disminuyó el diámetro promedio de los glóbulos de
grasa y aumentó la "carga protéica" G
(mg de proteína por metro cuadrado de área superficial de materia grasa).
El ligero aumento de rendimiento al homogenizar la leche no
significa necesariamente que se obtiene un queso de buena calidad. Dependiendo
del tipo de queso, la homogenización de la materia grasa puede o no ser
benéfica. La hipótesis es que puede ser benéfico aumentar la presión de
homogenización, debido al aumento en el área superficial de la grasa, que
permite la adsorción de mayor cantidad de proteína. Sin embargo, una presión
excesiva puede ser contraproducente, por lo que esto debe de cuantificarse y de
evaluarse en un contexto más grande que incluya otros atributos importantes,
tales como la textura del queso resultante.
A la luz del propósito de este libro, que es sugerir
opciones tecnológicas para maximizar el rendimiento de queso, todas las
variables son importantes: pH de la leche, composición de la leche (concentración
de sólidos, concentración de proteínas, relación grasa/proteína),
tratamiento térmico, cantidad de cloruro de calcio añadido, tiempo de
coagulación, condiciones de corte de la cuajada, agitación y calentamiento de
la mezcla de cuajada y lactosuero, salazón y prensado del queso. Ninguna de
estas variables es independiente y las interacciones no son lineales ni
exactamente predecibles, por lo que el camino hacia la optimización es
necesariamente un proceso iterativo de aprendizaje.
El aprendizaje es más eficiente si se estudian
simultáneamente los efectos de varios factores. Estudiar un factor a la vez no
nos permite aprender acerca de las interacciones entre los factores y, por otro
lado, si quisiéramos explorar todo el campo de posibilidades en un sólo
protocolo de experimentación, el experimento sería extraordinariamente
complejo tanto desde el punto de vista del número de lotes de queso a fabricar
como desde el punto de vista de la interpretación de las interacciones.
Entonces, al estudiar los efectos de los factores más
importantes, lo más conveniente es fijar algunos de los factores de menor
impacto y explorar los efectos e interacciones de los principales
factores; es decir, los de mayor
efecto esperado. Decidir cuáles factores son más importante que otros es un
juicio de valor basado en la experiencia, por lo que uno debe siempre estar
dispuesto a cambiar las hipótesis a medida que se tiene más información del
comportamiento del sistema bajo estudio. No se trata, sin embargo, de encontrar
la solución en el primer diseño experimental, sino de aprender más cotejando
los datos con las teorías o hipótesis y modificando estas últimas para que
representen mejor la realidad observada.
Desde luego, hay que considerar los efectos cuya existencia
se conoce de antemano. Por ejemplo, fijar la cantidad de cloruro de calcio no
significa que el efecto del ión Ca++
va a ser el mismo en todas las corridas experimentales, puesto que en ellas
generalmente estarán variando el pH y los tratamientos térmicos. Sin embargo,
se sabe que el ión Ca++ imparte firmeza a la cuajada, y que el
límite superior para su uso en la práctica está más bien dado por las
propiedades sensoriales del queso y del lactosuero.
Tan importante como lo anterior, se debe decidir
de antemano cuáles son las variables
de respuesta importantes (rendimiento, contenido de humedad, propensión al
desuerado, composición del lactosuero, propiedades sensoriales del queso,
etc.), así como los métodos que se emplearán para asignarle un valor,
preferentemente numérico, a cada una de estas variables.
Se recomienda que el número de variables de respuesta, con
las que se van a evaluar los resultados, sea razonablemente pequeño, lo mínimo
que le permita a la empresa llegar a una conclusión razonable. Para hacer el
trabajo más eficaz, es altamente recomendable involucrar desde el principio a
personal de varias áreas de la empresa (tecnología, investigación y
desarrollo, ventas, mercadeo).
Los métodos estadísticos para calcular los efectos
principales y los efectos de las interacciones entre los factores, sobre cada
una de las variables de respuesta, son muy útiles, razonablemente sencillos y
se pueden
consultar en textos sobre diseño experimental, tales como el de Box et al.
(1978) o el de Moen et al. (1991).
2.3 RETENCIÓN Y CONTROL DE LA HUMEDAD
Nuestro conocimiento acerca de la manera detallada en la que
un queso retiene humedad es fragmentario e incompleto. En realidad, lo único
que se sabe con certeza es que no toda el agua está en el mismo estado
fisicoquímico (Geurts et al., 1974). Las interacciones del agua en el queso son
ante todo interacciones con las caseínas, puesto que el otro único componente
importante en términos de cantidad, la grasa, es altamente hidrofóbico.
El agua en el queso puede estar contenida en capilares,
retenida mecánicamente y disponible como solvente, o puede estar "atrapada"
o "enlazada" en partículas de proteínas, en cuyo caso no está
disponible como solvente.
A medida que la insolubilidad de una proteína aumenta, las
interacciones agua-proteína se vuelven cada vez más importantes. Si las
proteínas son solubles, no enlazan agua con tanta facilidad. Por ejemplo, las
proteínas lactoséricas son solubles y no enlazan agua a menos que estén
desnaturalizadas (Kilara,1994).
En la fabricación de requesón, como en otras aplicaciones
industriales, la desnaturalización de las proteínas lactoséricas es
indispensable y se logra no sólo mediante tratamientos térmicos, sino además
mediante cambios de pH y de concentración de algunos iones, generalmente calcio,
en forma simultánea, lo que contribuye a la complejidad en la interpretación
de los efectos.
Tratándose de interaciones con el agua, el concepto más importante se
denomina "actividad de agua", definido como la relación entre la
presión de
vapor del agua en un alimento (p) y la presión de vapor de agua pura (p0) a la misma temperatura:
Actividad de agua = aw = p/p0
Los valores posibles de aw
están entre 0 y 1, pero el metabolismo
microbiano está restringido al rango entre ~ 0.60 y 0.999
(Marcos, 1993). Las bacterias patógenas y otros microorganismos asociados con
el deterioro de los quesos crecen de manera óptima a valores de aw
entre 0.980 y 0.995, por lo que el valor mínimo de aw para el crecimiento
microbiano y la producción de toxinas está considerado,
después de la temperatura, como el factor más importante en tecnología de
conservación de alimentos y en sistemas para la protección de la salud
pública.
El término "actividad de agua" o aw
se aplica, estrictamente hablando,
solamente a condiciones de equilibrio, de manera que este
concepto se debe usar con cautela al tratarse de quesos, que son sistemas
dinámicos. En este sentido, es importante considerar cuáles son los mecanismos
más importantes que causan que disminuya la presión de vapor de agua en
sistemas estáticos (Marcos, 1993):
a) Interacciones entre el agua disponible como solvente, iones y solutos de
bajo peso molecular.
b) Interacciones entre agua y macromoléculas polares (proteínas
y polisacáridos) mediante las cuales las moléculas de agua se asocian
fuertemente a sitios activos tales como grupos polares y grupos ionizados.
c) En sistemas porosos - como un queso - la depresión de la actividad de
agua puede deberse principalmente a la condensación capilar.
Los quesos no son sistemas estáticos ya que la cantidad de
agua disponible como solvente que contienen está evaporándose continuamente,
así sea con lentitud, y en el caso de quesos madurados los procesos
bioquímicos asociados con la maduración forman solutos nuevos de peso
molecular cada vez menor. Estos dos efectos dinámicos, pérdida de humedad y
formación de solutos, aumentan las interacciones entre el agua y los solutos y,
de esta manera, a medida que se pierde agua, disminuye la relación entre el
contenido de agua y el de sólidos no solubles, promoviendo así interacciones
agua-caseína que, a su vez, disminuyen la relación entre agua libre y agua "enlazada"
no disponible; es decir, que hacen que disminuya la actividad de agua. El
segundo efecto, la formación de solutos de bajo peso molecular, es pequeño en
quesos frescos como el queso blanco pasteurizado.
Un queso blanco recién elaborado se puede considerar, de
manera sobresimplificada, como un sistema que consiste de una matriz estructural
protéica a base de caseínas, parcialmente llena de grasas hidrofóbicas y
parcialmente llena de lactosuero, el cuál a su vez contiene solutos disueltos
de bajo peso molecular, tales como sal y lactosa. Una porción del agua, menor
del 10 %, está enlazada a la paracaseína como agua no disponible como solvente,
mientras que el resto, la fase de agua libre atrapada físicamente dentro de la
matriz porosa, conserva su capacidad como solvente pero tiene una actividad de
agua menor de 1, debido precisamente a la presencia de la sal añadida durante
la salazón, de otras sales y de lactosa residual.
En términos generales, un queso típico europeo con contenido
de humedad menor de 45 %, salado, recién elaborado, retiene cerca de 1.4 gramos
de agua/gramo de proteína a valores de actividad de agua típicos de cerca de
0.96 (Geurts et al., 1974). Uno de los problemas de los quesos blancos
pasteurizados latinoamericanos es justamente su alto contenido de humedad, entre
50 % y 56 %, que hace que la actividad de agua sea mucho mayor, entre 0.97 y
0.99, a pesar de que su contenido de sal es también más alto. Estos elevados valores de aw
son característicos de los quesos frescos en general (Rüegg, 1985; Marcos, 1993) y
permiten el crecimiento de todas las bacterias, mohos y levaduras asociadas con
el deterioro microbiológico de estos productos.
Desde luego, el valor de aw debido al estado fisicoquímico del agua en el
queso no es el único factor que actúa como "valla"
u "obstáculo" contra el crecimiento microbiano en el queso. Los otros
obstáculos principales son el pH y el contenido de sal en
la humedad del queso. De hecho, la
sal y la acidez bajan moderadamente la actividad de agua. De cualquier forma, la
vida de anaquel de un queso depende en gran medida de la actividad de agua y una
de las estrategias fundamentales de la quesería es disminuir su valor durante
la fabricación (y la maduración) de los quesos. En el caso
de los quesos blancos pasteurizados latinoamericanos, por ser
frescos y de alto contenido de humedad, la refrigeración a temperaturas por
debajo de 4 oC es indispensable durante el transporte y
almacenamiento.
La actividad de agua de un queso se puede estimar fácilmente a
partir de su composición. El siguiente ejemplo ilustra la aplicación de la
ecuación propuesta por Esteban y Marcos (1990), para el cálculo del valor de aw,
en un queso blanco pasteurizado con 52 % de humedad y 2.5 % de sal.
aw= 1 - 0.00565 [(g de sal)/(100 g de agua en el queso)]
= 1 - 0.00565 [(2.5)(100)/(52)] = 1 - 0.027 = 0.973
Cabezas et al. (1988) propusieron la siguiente ecuación, que se puede
usar de rutina en una planta de quesería para estimar el valor de aw, basada en el punto de congelación de un extracto acuoso del queso, medido
por crioscopía bajo condiciones específicas:
aw = 1.0155 + 0.1068 (p.c.)
Donde p.c. es el punto de congelación del extracto acuoso,
en oC. Los instrumentos necesarios para obtener los datos requeridos
por ambas ecuaciones, crióscopo, balanza de humedad y potenciómetro con
electrodo específico para cloruros, no son costosos para una empresa mediana y,
de hecho, la mayoría de ellas ya cuentan por lo menos con un crióscopo y una
balanza de humedad.
El contenido de humedad en el queso es determinante para el
valor de la actividad de agua, por lo que es importante conocer con cierto
detalle los mecanismos principales de expulsión de agua de la cuajada. Antes
del corte, la cuajada tiene la misma composición de la leche y, a partir del
corte, comienza la expulsión de líquido. A este proceso se le llama sinéresis
y su control es, desde luego, un paso
esencial en la fabricación de cualquier queso. Sin embargo, como ha señalado
Walstra (1993), es importante recordar
que no se trata de expulsión de agua, sino de lactosuero, que es una solución
acuosa. Entonces, al estudiar la
sinéresis,
no hay que perder de vista la composición del líquido que está siendo
expulsado.
La sinéresis depende de la firmeza del coágulo al momento
del corte: si el corte es tardío, la sinéresis puede ser algo menor. También
se ha observado que mayor temperatura de coagulación causa una sinéresis
ligeramente menor; esto se puede deber a que el corte comienza a una etapa más
tardía de la conformación de la cuajada.
La principal causa de la sinéresis es el rearreglo
de la red
protéica continua que forman las
micelas de paracaseína. El proceso se inicia cuando, después que la acción
del cuajo ha generado la firmeza adecuada en el gel, éste se corta, creando
así superficie libre
a través de la cuál puede ocurrir la expulsión de líquido. Por eso,
generalmente el tamaño del corte es proporcional al contenido de humedad
deseado en el queso. En la fabricación de la mayoría de los quesos, se agita
la mezcla de cuajada y lactosuero y también se aumenta la temperatura. Estas
medidas tienen como propósito aumentar la velocidad de la sinéresis. El
resultado final de la sinéresis se refleja en el contenido de humedad del queso
una vez prensado.
En el caso de cuajadas obtenidas a partir de leche fresca, los poros en el
gel de micelas de paracaseína son lo suficientemente grandes (cerca de
4 mm)
y suficientes en número (cerca de 2x1016/m3) para
acomodar los glóbulos de grasa, que tienen un diámetro promedio de alrededor
de 3.4 mm
(Walstra, 1993). Por supuesto, la distribución de tamaños de poros en el gel
está influenciada por la presencia de los glóbulos de grasa, y la mayoría de
los glóbulos de grasa quedan atrapados dentro del gel.
Al crearse superficie
libre mediante el corte de la cuajada
en piezas de longitud característica x, el flujo volumétrico Q de lactosuero
que sale de la cuajada es proporcional a 1/x2, por lo que el corte
aumenta exponencialmente la sinéresis y las piezas pequeñas se encogen más
que las grandes. Una de las implicaciones es que el corte a tamaños disparejos
puede causar variación local en el contenido de humedad, y por tanto variación
en el contenido de sal en distintas regiones del queso recién elaborado.
La homogenización de
la leche disminuye significativamente la velocidad de sinéresis. Esto está
relacionado con la incorporación de caseína micelar en el recubrimiento
superficial de los glóbulos de grasa, que causa que los glóbulos de grasa sean
parte de la red de paracaseína, lo cual, a su vez, puede obstaculizar la
contracción de la red.
La actividad del
ion Ca++ aumenta la
sinéresis, mientras que el fosfato de calcio coloidal disminuye la sinéresis.
Por supuesto, la disminución de pH causa disolución del fosfato coloidal y un
aumento en la actividad del Ca++. Por eso, si la leche ha sido
acidificada antes de cuajarla, la velocidad de sinéresis es mayor (Walstra,
1993).
La temperatura tiene
un gran efecto sobre la velocidad de sinéresis de la cuajada. Las curvas de
porcentaje de lactosuero expulsado vs. temperatura son sigmoideas (Walstra,
1993), lo que significa que hay mayor grado de sinéresis a mayor temperatura
pero, a la vez, que la tasa de cambio de la sinéresis disminuye a medida que
aumenta la temperatura.
De acuerdo a Walstra (1993), es muy difícil hacer
predicciones cuantitativas en cuanto a la velocidad de sinéresis pero, aún
así, se puede concluir que las principales variables que afectan la velocidad
de sinéresis son las siguientes:
1. Las restricciones geométricas (área superficial de la cuajada, distancia
a través de la cuál debe fluir el lactosuero).
2. La presión aplicada a las piezas de cuajada. El efecto relativo es mayor
en el rango de menor presión.
3. El pH, en el caso de geles inducidos por cuajo.
4. La temperatura, en el caso de geles inducidos por cuajo. El efecto
relativo es mayor en el rango de menor temperatura.
Durante el proceso de sinéresis, la capa externa de los fragmentos de
cuajada es la que se contrae más, dado que la expulsión de lactosuero
tiene lugar justamente en la superficie de la cuajada. Por
consiguiente, esta capa externa tiene mayor concentración de sólidos y menor
permeabilidad al flujo de lactosuero. Entonces, a medida que transcurre la
sinéresis, su velocidad es cada vez menor. Este mecanismo puede ser explotado
cuando se quiere tener poca sinéresis, ya que cualquier condición que genere
sinéresis inicial muy rápida
también causa la formación rápida de una capa de permeabilidad muy baja, que
disminuye considerablemente la sinéresis subsiguiente (Walstra, 1993).
Tomando todo en consideración, podemos concluir que el
contenido final de humedad y la actividad de agua en los quesos blancos está
determinada primordialmente por las interacciones entre la velocidad y la
duración de la sinéresis, el contenido de sal y el pH.
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