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CAPÍTULO 1. UNA VISIÓN GLOBAL

"Colonia. Una colonia es una nación que vende materias primas y compra bienes manufacturados"

W. Edwards Deming * (1900-1993)

1. 1 INTRODUCCIÓN

Estamos inmersos en un profundo debate acerca de nuestro futuro, viviendo una de las transiciones más dificiles de nuestra historia. Ante la complejidad y la incertidumbre, nuestras organizaciones y nuestros dirigentes parecen estar sumergidos en un mar de confusión y desesperación. Frente a esta crisis, dirigentes de distintos sectores de nuestra sociedad proponen soluciones diversas. He aquí una lista parcial:

• que todos rindan cuentas

• que todos hagan su mejor esfuerzo

 • campañas de reducción de costos

 • tecnología de punta

• bonos de productividad al desempeño individual • más privatizaciones

 • más impuestos

 • menos impuestos

 • más empréstitos

 • menos empréstitos

 • más inversión extranjera

 • tratados de libre comercio 

• despidos de personal

• casinos

¿Funcionarán estas respuestas por sí solas? ¿De dónde y por qué surgen respuestas de este tipo?

* Pronunciado por el Dr. Deming en una de sus conferencias. Reproducido con autorización del W. Edwards Deming Institute.

 

Este tipo de respuestas muestra, además de buenas intenciones, una tendencia notable hacia la sobresimplificación de los problemas y hacia la búsqueda de panaceas. En lugar de hacer cambios estructurales en los sistemas, para mejorarlos, con demasiada frecuencia nos volcamos hacia los eufemismos, las modas y la publicidad, convirtiéndonos muchas veces así en artistas de la manipulación de los símbolos de la solución.

Por ejemplo, actualmente es común encontrar que se asignan grandes recursos a intentos fallidos por salvar a banqueros de su propia incompetencia y, cuando todo falla, la pseudosolución es convertir la deuda bancaria en deuda pública. Al mismo tiempo, en muchos de nuestros países el campo está olvidado y nuestro destino económico parece depender de los vaivenes de la especulación financiera.

W. Edwards Deming decía, refiriéndose a empresas de Estados Unidos de América, que "estamos siendo arruinados por gente haciendo su mejor esfuerzo; sería mejor que no se presentaran a trabajar" (1). Lo mismo podríamos decir de muchas de nuestras organizaciones, con todo y el sarcasmo e ironía características de la manera de enseñar de Deming.

En un conocido estudio acerca de los probables conflictos económicos du-rante el próximo siglo, se reconoce que: "en una economía global, el trabajador tiene dos cosas que ofrecer: conocimientos prácticos o la disposición de trabajar a cambio de salarios bajos"... y que "en el Siglo XXI, la educación y las habilidades de los trabajadores terminarán siendo el arma competitiva dominante" (2). De acuerdo, pero, para que esto llegue a ser realidad, un requisito previo indispensable es la re-educación de los gerentes.

¿Qué clase de países queremos llegar a ser? Una colección gigantesca de empresas maquiladoras, donde nuestra "ventaja competitiva" sea los salarios cerca de diez veces menores que en otros países? Si estamos de acuerdo en que la principal ventaja competitiva sostenible es el conocimiento, tenemos un serio problema y, a la vez, un enorme reto y una gran oportunidad. Se requiere una transformación; el estilo prevaleciente de la gerencia se ha vuelto disfuncional en el mundo actual de los negocios.

Por ejemplo, el personal no se considera como aspecto clave para la supervivencia de la organización. Lester Thurow(2) hace una crítica severa, expresándolo así: "la adquisición de conocimientos prácticos es una responsabilidad individual y las empresas existen para mantener bajos los salarios. Los trabajadores son simplemente un factor más de la producción, para ser contratados o rentados al costo más bajo posible, tal y como se compran materias primas o maquinaria. Los trabajadores no son miembros del equipo. Las relaciones de adversario entre los obreros y los patrones son parte del sistema".

Este estilo de gerencia está sustentado esencialmente en concepciones del Siglo XIX, al que Russell Ackoff (3) denomina "La Era de las Máquinas". En esta concepción, el mundo y las organizaciones son como mecanismos de reloj, exactamente predecibles, y su método básico de búsqueda de conocimiento es el análisis, el estudio de las partes por separado.

Así, de la Revolución Industrial surgió lo que ha sido llamado La Empresa como una Máquina: "las empresas... como todas las máquinas, no contaban con atribuciones para tener un propósito propio, sino que se creía que su función era servir a los propósitos de sus dueños. Su propósito principal era obtener un retorno adecuado sobre la inversión de tiempo, dinero y esfuerzo. La obtención de utilidades llegó a ser concebida como la única función legítima de la empresa" (4). Como podemos constatar, ésta es una creencia que aún sigue vigente en muchas empresas.

Aunque la concepción de empresa ha evolucionado considerablemente en los últimos cien años, la mayoría de nuestras empresas, escuelas y gobiernos siguen siendo organizaciones basadas substancialmente en la concepción mecanicista. En general, a las personas se les considera como instrumentos vivientes cuya tarea principal consiste en cumplir las órdenes de sus jefes.

De esta concepción deshumanizante provienen algunos términos que aún usamos, tales como mano de obra (te contrato por tu fuerza bruta y no tienes derecho a pensar), empleados de confianza (los demás no son merecedores de la confianza), recursos humanos (estamos en la misma categoría que el dinero, la energía y la maquinaria) y mercado laboral (en la vida laboral somos esencialmente una especie de mercancías para ser compradas y vendidas).

Esta forma de pensar y actuar trasciende las empresas y la encontramos por igual en el sistema educativo y en el aparato gubernamental. Una vez que reflexionamos, vemos que no podría ser de otra manera, pues nuestras formas de pensar determinan cómo diseñamos y operamos todas nuestras organizaciones.

Así pues, nuestras organizaciones están diseñadas, así sea involuntariamente, para la suboptimización de bajo nivel. Esta es una de las causas del subdesarrollo, aunque en nuestra ceguera muchas veces insistimos en que todo es cuestión de meterle dinero a los problemas y pocas veces comprendemos que el apalancamiento reside en mejorar nuestras formas de pensar. Todas las concepciones de empresa fueron visionarias en su época, pero el mundo ha cambiado. El signo distintivo de nuestra era es el cambio incesante y acelerado. Aferrarnos a lo que nos sirvió en el pasado se ha vuelto disfuncional y es un inhabilitador del aprendizaje. Vivimos en una nueva era económica y ha llegado la hora de cambiar el paradigma de la gerencia, por uno mejor.

Algunos discípulos de Deming han descrito de la siguiente manera el cambio de paradigma: (5)

• Se debilitó severamente la certeza acerca de nuestro conocimiento de la realidad. Lo que resta es teoría, apoyada por un grado relativo de creencia.

• Se debilitó severamente la causalidad, la habilidad de decir conclusivamente que el efecto "y" fue causado por el factor "x".

• Se admitió la no linealidad de la dinámica de los sistemas.

• La naturaleza del conocimiento cambió, de ser absoluta a ser probabilística o estadística.

• Se admitió que la variabilidad, la aleatoriedad y la complejidad son inherentes a todos los procesos.

• Ya no es posible suponer la repetibilidad de los procesos, debido a la variabilidad inherente y a la naturaleza local y cambiante del conocimiento.

• Puesto que la información más importante no solo es desconocida sino incognoscible, debido a la variabilidad y a la incertidumbre, los procesos se pueden mejorar, pero nunca optimizar".

El último punto se refiere a la optimización estricta; es decir, a un estado inmejorable. Dada la omnipresencia de la incertidumbre y la variación, aún si fuera posible alcanzar dicho estado inmejorable, ¡no tendríamos la suficiente información para darnos cuenta! Sin embargo, en este libro nos referiremos al término optimización no en su acepción estricta, sino a su significado como un proceso permanente de búsqueda, aprendizaje y cambios estructurales cuyo propósito es el mejoramiento continuo de la empresa y de su desempeño.

De manera que la concepción gerencial tradicional es un cadáver insepulto, más no así sus seguidores. Continuamos teniendo la tendencia a ver el mundo como era antes, casi predecible y con cambios lentos y esporádicos. Todavía insistimos en que la competencia va a resolver los problemas de la sociedad y en que, si tan solo todos hicieran lo que se les dice que hagan, la situación mejoraría. A pesar de que al pensar así confundimos causas con efectos, causalidad con casualidad, inteligencia con instrucción, desarrollo con crecimiento, personas con instrumentos biónicos, interacciones con acciones, compromiso con obediencia, motivación con supervivencia, interdependencia con independencia, equipo con grupo, diálogo con discusión y liderazgo con mando y control .

Todas las propuestas de respuestas que escuchamos serían eficaces en el pasado, en un mundo que ya no existe. ¿A dónde nos llevará nuestra ignorancia colectiva?

¿Habrá alguien que no está haciendo su mejor esfuerzo? Para salir de la crisis, se requiere una transformación. Afortunadamente, el camino ha sido señalado y recorrido en muchas empresas y en muchas culturas nacionales. Sin embargo, hay que dar de sí mismo para lograr la transformación; es importante darnos cuenta que nadie nos puede transformar, sino solamente crear las condiciones para que nosotros mismos lo hagamos.

1.2 UN SISTEMA DE CONOCIMIENTO PROFUNDO

Deming llamó tiranía al estilo prevaleciente de gerencia y afirmó que éste "debe experimentar una transformación" y que "la transformación requiere conocimiento profundo". Lo que Deming llamó Conocimiento Profundo es un sistema, que "suministra una lente. Suministra un nuevo mapa de teoría con el cual comprender y optimizar las organizaciones en las que trabajamos"(6). Como todo acercamiento nuevo a la realidad, el sistema de Deming con frecuencia confunde al comienzo, debido a su aparente simplicidad, por lo que la constancia de propósito y la visión de largo plazo son esenciales para tener éxito.

La transformación del pensamiento gerencial y de las empresas es una transformación social. Sin embargo, no puede haber transformación social sin transformación individual y es por ello que el primer paso es la transformación del individuo. Esta transformación es discontinua, como un despertar, y surge de la comprensión del sistema de conocimiento.

El individuo, transformado, dice Deming(6), "percibirá un nuevo significado de su vida, de los acontecimientos, de los números, de las interacciones entre la gente. Una vez que el individuo comprenda el sistema de conocimiento profundo, aplicará sus principios en todo tipo de relaciones con otras personas. Tendrá una base para juzgar sus propias decisiones y para transformar las organizaciones a las que pertenece".

Deming describe su sistema de conocimiento en cuatro partes, interrelacionadas entre sí:

• Apreciación de lo que es un sistema

• Conocimiento acerca de la variabilidad

• Teoría del conocimiento

• Conocimiento acerca de la psicología

Enfatizó que no se necesita ser una eminencia en ninguna de las partes del conocimiento profundo para comprenderlo y aplicarlo. Sus famosos catorce puntos para la gerencia son, como él mismo lo expresó, una consecuencia natural del sistema de conocimiento profundo, para transformar el estilo actual de gerencia en uno orientado a la optimización.

Dicho de otra manera, los 14 Puntos de Deming también son un sistema, un patrón de conceptos coherentes. Estos conceptos se irán comprendiendo mejor a medida que se avance en la lectura del libro, hasta terminar de leerlo. El patrón se irá desenvolviendo gradualmente.

Es importante tomar en cuenta, antes de practicar los 14 Puntos, que no habrá resultados perdurables a menos que se practiquen todos. Es mucho más eficaz avanzar lentamente practicando el sistema completo, que avanzar mucho solamente en una o varias de sus partes, pues el desarrollo y el crecimiento de una empresa como un todo estarán determinados por su proceso más lento, y no por su proceso más rápido.

 

LOS 14 PUNTOS DE DEMING PARA LA GERENCIA (7)

1. Crear constancia de propósitos para el mejoramiento de productos y servicios, con el fin de llegar a ser competentes, de permanecer en el negocio y de crear empleos.

2.Adoptar la nueva filosofía. Estamos en una nueva era económica. La gerencia occidental debe despertar ante el reto, debe aprender sus responsabilidades y debe asumir el liderazgo para el cambio .

3.Dejar de depender de las inspecciones para alcanzar la calidad. Eliminar la necesidad de las inspecciones masivas, comenzando por construir la calidad en el producto.

4.Terminar con la práctica de otorgar contratos sobre la base del precio. En lugar de eso, minimizar el costo total. Moverse hacia un solo proveedor para cualquier artículo dado, sobre la base de una relación de lealtad y confianza en el largo plazo.

5.Mejorar constantemente y para siempre el sistema de producción y de servicio, para mejorar la calidad y la productividad y así bajar los costos constantemente.

6.Instituir la capacitación en el trabajo.

7.Instituir el liderazgo. El fin de la supervisión debiera ser ayudar a la gente, a las máquinas y a los dispositivos para hacer un mejor trabajo. La supervisión de los gerentes y la supervisión de los trabajadores de producción necesitan una revisión a fondo.

8.Eliminar el temor, de tal forma que todos puedan trabajar eficazmente para la compañía.

9.Derribar las barreras entre los departamentos. La gente en investigación, diseño, ventas y producción debe trabajar en equipo, para prever problemas de producción y aquellos que se puedan encontrar durante el uso del producto o servicio.

10. Eliminar los lemas, exhortaciones y metas para la fuerza de trabajo que piden cero defectos y nuevos niveles de productividad. Dichas exhortaciones solamente crean relaciones de adversario, ya que la gran mayoría de las causas de baja calidad y productividad pertenecen al sistema y entonces están fuera del control de la fuerza de trabajo.

11. Eliminar los estándares de trabajo (cuotas) en el piso de fabricación. Substituirlas por liderazgo. Eliminar la administración por objetivos. Eliminar la administración por números, las metas numéricas. Substituirlas por liderazgo.

12. Eliminar las barreras que le roban a los trabajadores el derecho a sentir orgullo por su trabajo. Se debe cambiar la responsabilidad de los supervisores, de sólo números a calidad. Eliminar las barreras que le roban a gerentes e ingenieros el derecho a sentir orgullo por su trabajo. Esto significa, inter alia, abolir las clasificaciones anuales o por méritos y la administración por objetivos.

13. Instituir un vigoroso programa de educación y de automejoramiento.

14. Poner a todos en la compañía a trabajar para lograr la transformación. La transformación es trabajo de todos.

Es muy probable que Deming se haya sentido profundamente desilusionado porque los empresarios estadounidenses no apreciaron el valor de sus enseñanzas sino hasta que los japoneses, que tenían cerca de treinta años practicándolas, demostraron la superioridad de la calidad de sus productos y servicios en la década de los años ochenta. Uno puede percibir esta desilusión detrás de la ironía y sarcasmo ubicuos en la obra de Deming. Para muestra, un botón(8):

"¿Cuál es la nación más subdesarrollada del mundo?

Con el acopio de habilidades y conocimientos contenidos en sus millones de desempleados, y con la subutilización, mal uso y abuso - aún más aterradores - de las habilidades y conocimientos en el ejército de personas empleadas en todos los rangos en todas las industrias, Estados Unidos puede ser actualmente la nación más subdesarrollada del mundo".

Esto nos pudiera resultar sorprendente, tal vez debido a que hay una paradoja subyacente entre dos visiones poderosas: la visión economicista, sustentada en el concepto de crecimiento y la visión de la sustentabilidad, basada en el concepto de desarrollo.

Aunque frecuentemente confundimos estos dos conceptos, hay diferencias fundamentales entre ellos: crecimiento es un aumento en tamaño o en número, mientras que desarrollo es un aumento en capacidad y deseo para satisfacer nuestras aspiraciones legítimas y las de los demás. Así, por ejemplo, un basurero y un cementerio crecen, pero no se desarrollan, mientras que una persona puede desarrollarse aún después de haber dejado de crecer. En una sociedad, el mejor reflejo del crecimiento económico es el nivel de vida, mientras que el mejor reflejo de su desarrollo es su calidad de vida(9). Todos podemos identificar ejemplos de crecimiento y de desarrollo en nuestros países, en sus organizaciones y en sus individuos.

 

1.3 LOS SENDEROS DEL APRENDIZAJE

La transformación de nuestra forma de pensar implica no solamente aprendizaje, sino también desaprendizaje. Hemos sido educados predominantemente en el pensamiento analítico, en el que la vida consiste de compartimientos separados, que nosotros intentamos optimizar en forma fragmentada, uno por uno, de ocasión en ocasión. Suponemos, de manera implícita, que el óptimo del desempeño de una organización es la suma algebraica de los óptimos de sus departamentos por separado. Entonces, las organizaciones acaban siendo un agregado desarticulado de fuerzas aleatorias y no es de sorprender, por consiguiente, el estado creciente de temor y de caos que percibimos al interactuar con ellas. Esta falta de calidad le imparte a la sociedad un enorme costo innecesario, que se traduce en alto costo de vida aunado a baja calidad de vida.

Myron Tribus, tal vez el más reconocido de los discípulos de Deming, dice que debemos desaprender algunos mitos gerenciales, como el que hace creer a los dirigentes que el organigrama define cómo se hacen las cosas. "Les gusta dar órdenes escuetas a los subordinados. Creen que pueden dividir el sistema en partes, siguiendo las líneas del organigrama"... "ignoran que están tratando con un sistema como un todo. Están determinados a juzgar a cada persona y a cada división de acuerdo a sus logros individuales". Tribus y Tsuda(11) le llamaron a esta concepción "El Principio de la Perversidad":

"Si usted trata de mejorar el desempeño de un sistema de personas, máquinas y procedimientos, estableciendo metas numéricas para el mejoramiento de las partes individuales del sistema, el sistema lo derrotará y usted pagará un precio donde menos lo esperaba"

Desde una perspectiva similar, Peter Senge(12) comienza su libro "La Quinta Disciplina" diciéndonos que el enfoque analítico nos hace pagar un enorme costo invisible, pues perdemos el sentido intrínseco de estar conectados a un todo de mayor tamaño y, de esta manera, ya no podemos ver las consecuencias de nuestras acciones. Senge propone construir organizaciones abiertas al aprendizaje, en las que:

 

•La gente expande continuamente la capacidad de crear los resultados que desea.

•Se estimulan nuevas formas de pensar.

•Las aspiraciones colectivas se establecen con libertad.

•La gente aprende continuamente cómo aprender juntos.

Una organización abierta al aprendizaje es distinta a las organizaciones tradicionales autoritarias y controladoras. En las últimas, los dirigentes piensan y los demás obedecen órdenes; en contraste, las primeras son lugares donde toda la gente descubre en forma permanente cómo crear su propia realidad. Para que funcionen, deben crear un campo en el que sea posible dejar atrás la visión puramente instrumental del trabajo; es decir, trabajo a cambio de dinero, y en el que surjan los beneficios intrínsecos que van más allá del dinero, tales como el orgullo y la alegría en el trabajo y en el aprendizaje. Claramente, una de las condiciones indispensables es que los salarios sean salarios dignos y no salarios mínimos.

Estamos, pues, en una disyuntiva: o continuamos institucionalizando la disfuncionalidad, diseñando nosotros mismos países encaminados a convertirse en gigantescas maquiladoras coloniales, o mejoramos el paradigma de la gerencia y enfatizamos con mayor intensidad en la práctica nuestras declaraciones en el sentido de que los conocimientos, uno de los niveles fundamentales de la educación, son indispensables para construir sociedades que no solamente crezcan sino que, mucho más importante aún, también se desarrollen.

En toda sociedad, la asignación de recursos es un claro reflejo de sus valores. En la industria y en los negocios, ¿qué tanta sería la ceguera de la mayoría de los dirigentes empresariales, que en muchos países el Estado se vió en la necesidad de hacer obligatoria la capacitación del personal? De esto se podría escribir hasta la saciedad, pero es evidente que el conocimiento no es un valor prioritario en casi ninguno de nuestros países.

Nuestras acciones indican que no hemos comprendido que el futuro pertenece a los que usan sus cerebros y sus manos y no a los que usan solamente sus manos, se endeudan sin límite, copian sin estudiar y dilapidan sus recursos naturales. El asunto prioritario de seguridad nacional debiera ser la educación y no el bienestar de los inversionistas a corto plazo ni los ejércitos equipados

para la represión de la población civil, pero esto requiere que ampliemos los horizontes de tiempo y espacio para visualizar con menos incertidumbre las consecuencias de nuestras acciones. Tenemos mucho que aprender.

El desaprendizaje y el aprendizaje nuevo para mejorar permanentemente la calidad y ser competentes, son también actividades de tiempo completo que resultan de la transformación personal. Son como un sendero sin fin, que ha sido descrito de distintas formas; por ejemplo, Tribus(13) lo describe como un continuo en el que se pueden distinguir cuatro niveles de ser competentes, en el sentido de ser capaces de satisfacer nuestras aspiraciones legítimas y las de los demás:

INCOMPETENCIA INCONSCIENTE

No sabemos que no sabemos

INCOMPETENCIA CONSCIENTE

Sabemos que no sabemos

COMPETENCIA CONSCIENTE

Sabemos que sabemos

COMPETENCIA INCONSCIENTE

Hacemos las cosas bien sin tener que pensar en ello

Suponemos niveles de competencia de acuerdo a la imagen que tenemos de nosotros mismos y es así que, por ejemplo, la arrogancia y la incapacidad para aprender van disminuyendo al ir avanzando en esta transformación. Entre estas etapas, la transición más difícil y de más apalancamiento es, por mucho, pasar de la primera a la segunda. ¡ Requiere voluntad, paciencia y humildad ! El paso es discontinuo y requiere, además, intención, auto-observación y desapego. Nuestro estado habitual es la primera etapa y se asemeja a la anosognosia, un padecimiento neurológico que consiste en que el paciente no tiene conciencia que está enfermo(14).

Al hablar sobre este sendero, Tribus(13) comenta que él tiene su propia teoría acerca del éxito de los militares: "Creo que la única razón por la que un ejército llega a ganar una guerra es porque pelea contra otro ejército. Si alguien inventara algo que reemplazara a los ejércitos, ¡ probablemente ganaría sin tener que

mover un dedo ! Todos los generales estudian los mismos tipos de lecciones y tienen las mismas ideas acerca de cómo manejar un ejército. Igual ha sido con los capitanes y generales de la industria estadounidense. Todos han estudiado la misma literatura y hasta hace poco tiempo sólo tenían que competir entre sí. Pero ahora las cosas han cambiado".

¿Suena familiar? ¿Cuántas organizaciones en nuestra sociedad se encuentran agonizando en su propia trampa, queriendo salir de la crisis a costa de los demás, a los que deberían servir? ¿A cuánto ascenderán las pérdidas innecesarias? Son desconocidas e incognoscibles. No estamos en el así llamado Tercer Mundo por casualidad ni por conspiraciones, sino más bien, en buena medida, por nuestras formas de percibir, pensar e interactuar.

Hay mejores formas de gerencia y liderazgo, pero hay que aprenderlas. Es cuestión de educación. Como lo expresa Margaret Wheatley(15): "las capas de complejidad, la sensación de que las cosas escapan de nuestro control y de que están fuera de control, no son sino señales de nuestra incapacidad para comprender una realidad más profunda de la vida organizacional y de la vida en general". La clave para reducir la complejidad no está en esquemas de control cada vez más estrictos, sino en practicar unos cuantos principios guía y en darles a todos en la empresa un grado considerable y creciente de autonomía.

Debido a nuestra forma de pensar, la crisis en la que estamos inmersos nos lleva a sentirnos prisioneros de los acontecimientos, impotentes, como piezas de un mecanismo gigantesco al que solamente tienen acceso unos cuantos. Generalmente no vemos más allá de los acontecimientos y sólo reaccionamos ante ellos de forma automática. Pocos aprenden a observar los procesos subyacentes, de dinámica lenta, que generan los acontecimientos. Observar esta dinámica temporal y aprender a identificar las características estructurales que generan ciertos arquetipos de comportamiento, son atributos de gran apalancamiento para saber con poca incertidumbre donde intervenir gerencialmente, con el fin de mejorar el sistema y, por ende, su desempeño en el futuro.

Vale la pena considerar que generalmente se piensa que los gerentes de mayor jerarquía tienen un gran poder, pero esto solo es así cuando se trata de trabajo hacia adentro de la empresa. Si bien esto es de gran apalancamiento, también hay que recordar que la empresa no está aislada, sino que es, a su vez, parte de un sistema más grande, en el que las principales decisiones se toman a niveles jerárquicos aún más altos. En este sentido, todos en la empresa, desde los trabajadores hasta los gerentes, pueden sentirse prisioneros, aunque las prisiones no sean las mismas.

Entonces, es mejor no juzgar ni culpar, sino más bien observar y aprender. Por otro lado, como lo vivió de manera tan conmovedora Viktor Frankl (16), aún en condiciones de prisión se puede conservar "un vestigio de libertad espiritual, de independencia mental... se puede tomar de una persona todo, menos una cosa: la última de las libertades humanas, escoger nuestra propia actitud ante cualquier conjunto de circunstancias, escoger nuestro propio camino... es la libertad espiritual, que no se puede quitar, la que hace que la vida tenga significado y propósito".

Para salir de la crisis, es sumamente importante hacerse las preguntas correctas antes de actuar. Por ejemplo ¿Cuáles son los cambios estructurales que hay que hacer en los sistemas de recompensas para que la gente trabaje en equipo de manera sostenida? ¿Qué debemos aprender acerca de la importancia de la distancia social entre la gente para poder resolver nuestros conflictos de manera eficaz?

¿Cuáles son los obstáculos que limitan nuestra capacidad para aprovechar la diversidad de la gente como la principal fuente de creatividad? ¿Qué debemos aprender para gerenciar mejor las interrelaciones entre personas y circunstancias?

La crisis nos ha demostrado, en forma dolorosa, que el gran reto de esta transición, la gran frontera por explorar y descubrir, ya no es la ciencia ni la tecnología, sino nuestra forma de pensar, que determina cómo contestamos nuestras preguntas y cómo diseñamos y operamos nuestros sistemas sociales; nuestras escuelas, empresas y gobiernos.

El Sistema de Conocimiento de Deming es un mapa para esta gran aventura. Como todos los mapas, no es perfecto ni es igual al territorio. Sin embargo, habiendo previamente adquirido conciencia de la distinción entre mapa y territorio, es de gran ayuda para guiarnos y llevar a nuestras empresas a buen puerto. Nos ayuda, entre otras cosas, a desarrollar la capacidad de autorreferencia, que ha sido descrita como la fuerza que mantiene en armonía a los sistemas sociales: "En lugar de andar como remolino en todas direcciones, cada parte del sistema debe permanecer consistente consigo misma y con todas las demás partes del sistema a medida que éste cambia"(17).

Wheatley(17) sugiere que es necesario "resolver un problema más profundo. Necesitamos ser capaces de confiar en algo tan sencillo como un conjunto esencial y claro de valores que, junto con una visión clara, pueden, manteniéndose en movimiento a través de un diálogo continuo, conducir al orden". Aprender a dialogar, a comunicarnos en la verdad, tener constancia de propósitos, aprender y poner en práctica conocimientos sin atropellar la dignidad de los demás y cultivar la capacidad de sorprendernos , para poder innovar, son algunos de los retos de la nueva gerencia .

La gerencia mecanicista ha agotado sus posibilidades y se ha vuelto altamente disfuncional; estamos ante la necesidad vital de experimentar los inicios inciertos, dolorosos, críticos, de la gerencia basada en el pensamiento sistémico. Wheatley(17) lo pone así: "No es importante, en la danza que se extiende a todas las relaciones que tenemos en el Universo, saber por adelantado cuáles son los pasos. La clave consiste en dejarnos llevar por la música y movernos libremente por la pista de baile".

Si queremos dejar de desaprovechar la inteligencia, la experiencia y la creatividad de todos en la empresa, es indispensable construir un campo donde la gente se pueda expresar con libertad y pueda experimentar, con un grado considerable de autonomía, dentro de principios guía generales que sean establecidos por la alta gerencia, con la ayuda de todos los demás, para que puedan ser comprendidos y practicados por todos en la empresa.

1.4. ¿ QUÉ NOS MOTIVA ?

Parte integral de la gerencia tradicional es una concepción truncada y sumamente pobre del ser humano. Esto es quizá lo más difícil de cambiar en nuestras mentes pero, al mismo tiempo, es también la oportunidad crucial para mejorar el desempeño de nuestras empresas. El fundamento teórico del pensamiento prevaleciente acerca de nosotros mismos es el conductismo, una doctrina en psicología cuyo exponente más famoso fue Burrhus F. Skinner (1904 - 1990). La esencia de la práctica del conductismo es "Haz ésto y obtendrás esto otro". ¿Suena familiar a las propuestas que escuchamos de nuestros dirigentes ?

Dice Alfie Kohn(18): "De hecho, la psicología del conductismo y la teoría económica ortodoxa han establecido una especie de sociedad de admiración mutua, que adula ambos campos, pero solamente creando una imagen truncada del ser humano cuyas acciones buscan analizar" y "más aún, entre las características comunes a ambas disciplinas está la suposición de que el impulso que mueve todo nuestro comportamiento, buscando recompensas y evitando castigos, está necesaria y exclusivamente dictado por el interés propio".

Este es el famoso Principio del Egoísmo. Es interesante que el conductismo sea considerado parte de la psicología, cuando la psicología debiera referirse a seres humanos y no a máquinas o a ratas Skinnerianas que han sido condicionadas para comprender solamente el lenguaje del palo y la zanahoria. La pregunta crítica es ¿será en verdad esta motivación extrínseca la que nos mueve a aprender, a trabajar y a servir a los demás, con alegría, orgullo y eficacia?

Kohn no es el único que estudia el tema, desde luego. Veamos lo que piensa Robert H. Frank, profesor de economía en la Escuela de Negocios de la Universidad de Cornell, acerca del Modelo del "Interés Propio" de la naturaleza humana(19): "En años recientes, el mensaje que recibimos de los científicos de la conducta ha sido que la gente es fundamentalmente egoísta. Los biólogos nos dicen que, en última instancia, son las recompensas materiales las que dan forma al comportamiento; que las presiones incesantes de la selección natural van a eliminar a cualquier organismo que renuncie a las oportunidades para obtener ganancia personal. Los psicólogos ratifican esta visión, al señalar el papel penetrante que juegan las recompensas materiales en el proceso de aprendizaje. Los economistas, por su lado, señalan con orgullo el poder del egoísmo para explicar y predecir el comportamiento, no solamente en el mundo del comercio sino también en el de las interrelaciones personales".

Frank encontró que otro modelo de la naturaleza humana, basado en nuestra capacidad para comprometernos, es más adecuado para describir el comportamiento real de la gente. Concluye que, a pesar de su lógica aparentemente contundente y de sus múltiples seguidores (biólogos, psicólogos, economistas, políticos, etc.), el Modelo del Interés Propio es un modelo pobre en comparación con el Modelo del Compromiso, en el que se reconoce que las predisposiciones emocionales son la fuerza impulsora del comportamiento ético y que este último, cuando es sincero, nos confiere ventajas materiales. Dice Frank(20): "El Modelo del Interés Propio nos inspira a esperar lo peor de los demás y con ésto logra que aflore lo peor de nosotros mismos. El Modelo del Compromiso, por su parte, tal vez no nos inspire a esperar lo mejor de los demás, pero sí nos inspira a adoptar un punto de vista decididamente más optimista".

En su trabajo, Frank ha explorado las consecuencias prácticas de tener uno u otro tipo de visión de la naturaleza humana. Estas visiones afectan las relaciones obrero-patronales, el establecimiento de precios de productos y servicios; el diseño y alcance de las regulaciones gubernamentales, incluyendo la recaudación impositiva; cómo seleccionamos pareja y trabajos, hasta qué grado dependemos de los contratos formales, etc. En forma amplia, afectan cómo diseñamos y operamos nuestros sistemas sociales.

Desde una tercera perspectiva, el neurólogo Antonio Damasio(21) ha demostrado en la práctica que la razón no puede existir en la ausencia de sentimientos y emociones; todas ellas son parte intrínseca del suprasistema mente-cerebro. Somos un sistema, algo que no se puede separar en partes independientes y no un simple agregado de "centros" o compartimientos fragmentados corpo-rales, intelectuales y emocionales, como hemos creído durante siglos usando principalmente el pensamiento analítico.

Damasio ha documentado con profundo humanismo la importancia del pensamiento estadístico y las interrelaciones entre mente, cerebro, salud, ética, visión de largo plazo y afecto. Agrega que(21): "El dominio social e inmediato es uno de los más cercanos a nuestro destino y el que involucra la mayor incertidumbre y complejidad. Hablando en términos generales, dentro de ese dominio, decidir bien consiste en seleccionar una respuesta que será en última instancia ventajosa para el organismo en términos de su supervivencia y de la calidad de dicha supervivencia, directa o indirectamente. Decidir bien también significa decidir en forma expedita, especialmente cuando el tiempo es esencial y, por lo menos, decidir en un horizonte de tiempo considerado apropiado para el problema en cuestión".

Al tener que tomar una decisión, de acuerdo a Damasio, no comenzamos con la mente en blanco, sino que nuestra mente está repleta de imágenes. Hay dos hipótesis acerca de cómo escogemos entre las preguntas inherentes al repertorio de imágenes(21): la primera postula que usamos la "razón superior", la lógica formal que de acuerdo al sentido común prevaleciente es la mejor estrategia, manteniendo fuera del proceso a las emociones, no dejando que las pasiones le pongan trabas a la razón y, en su lugar, haciendo un análisis de costo/ beneficio de corte gerencial tradicional. Sin embargo, Damasio demuestra que si ésta es la única estrategia disponible, no funcionará por el simple y sencillo motivo que nuestra atención y nuestra memoria funcional tienen una capacidad limitada; las opciones racionales son demasiadas y acabaríamos por tomar una decisión incorrecta o por darnos por vencidos en el intento, llenos de frustración.

Por experiencia, todos sabemos que es altamente probable decidir correctamente en segundos, o en el horizonte de tiempo apropiado para la meta que nos hemos fijado, por lo que se necesita una segunda hipótesis, la que Damasio(21) llama "hipótesis de los marcadores somáticos". Estos marcadores son ejemplos especiales de sentimientos generados a partir de emociones, que han sido conectados mediante el aprendizaje a predicciones de resultados futuros de ciertos escenarios.

Esta asociación entre procesos cognoscitivos y procesos emocionales nos permite reducir considerablemente el número de opciones a considerar en la toma de decisiones y (21): "es compatible con la idea de que el comportamiento personal y social eficaz requiere que los individuos formen "teorías" adecuadas de sus propias mentes y de las mentes de los demás. Basados en esas teorías, podemos predecir qué teorías están formando los demás acerca de nuestra propia mente. El detalle y exactitud de tales predicciones es, por supuesto, esencial a medida que nos aproximamos a una decisión crítica en una situación social". La relación con gerencia y liderazgo es evidente.

Otra aplicación de la hipótesis de los "marcadores somáticos" tiene que ver con los sacrificios que hacemos en este momento para obtener beneficios después(21): "La fuerza de voluntad se sustenta en la evaluación de un porvenir y dicha evaluación no puede tener lugar si la atención no está debidamente dirigida tanto al sacrificio inmediato como a la recompensa futura, tanto al sufrimiento actual como a la gratificación futura... fuerza de voluntad es solamente otro nombre para la idea de escoger de acuerdo a resultados de largo plazo y no de corto plazo". Para Deming, esto era tan importante que su Punto 1 para la Alta Gerencia es, justamente, constancia de propósitos.

Damasio también nos recuerda que los defectos de la forma de pensar basada en el sentido común no se restringen al caso de nuestra capacidad limitada de memoria y atención. Las estrategias de razonamiento mismas están repletas de debilidades, como es el caso de "nuestra ignorancia devastadora y uso defectuoso de estadística y teoría de probabilidad". Ahora podremos comprender mejor por qué el Sistema de Conocimiento Profundo de Deming es esencialmente contraintuitivo, por qué es crucial desaprender mucho de lo que nos ha enseñado el "sentido común", por qué la gerencia de la variación, que requiere conocimientos básicos de teoría estadística, es el corazón del mejoramiento continuo de la calidad y por qué un buen líder siempre tiene puestos los ojos en el presente y en el futuro.

Estamos hablando de un proceso largo y arduo de re-educación, no solamente para adquirir sabiduría acerca del uso de métodos y herramientas, sino para explorar más a profundidad en nuestro interior, en búsqueda de lo que realmente nos mueve a cooperar, a aprender, a sentir orgullo por la calidad de lo que hacemos y a sentir alegría cuando servimos a los demás; es decir, a descifrar cuál es la esencia de nuestra motivación.

Deming, Kohn, Frank y Damasio, entre muchos otros estudiosos del ser humano, han investigado esta cuestión fundamental y llegan, en forma tácita o explícita, a una conclusión convergente: lo que nos mueve con conciencia profunda es la motivación intrínseca o, usando la definición de Kohn(22),"el deseo de ocuparse en una actividad por su propia esencia; es decir, tan sólo por la satisfacción que da".

Deming(23) lo puso de la siguiente manera: "Se requiere transformación en el gobierno, en la industria, en la educación. La gerencia está en un estado estable.Se requiere una transformación para salir del estado actual, no meros parches sobre el estilo gerencial actual. Por supuesto que debemos resolver problemas y apagar fuegos a medida que ocurren, pero estas actividades no cambian el proceso. La transformación nos llevará a un nuevo método de recompensas. Debemos restaurar al individuo y hacerlo dentro de las complejidades de interacción con el resto del mundo. La transformación liberará el poder del recurso humano contenido en la motivación intrínseca"... "con el tiempo, el resultado será mayor innovación, ciencia aplicada, tecnología, expansión del mercado, mayor servicio, mayores recompensas materiales para todos. Habrá alegría en el trabajo y alegría en el aprendizaje".

Entonces, ¿saldremos de la crisis si transformamos nuestra forma de pensar? ¿Será posible así que lleguemos, con el tiempo, a ser competentes? Hacerlo o no hacerlo es un juicio de valor. Después de todo, como decía Deming, la supervivencia no es obligatoria.

"El saber es la única riqueza que los tiranos no pueden despojar. Sólo la muerte puede obscurecer la lámpara de conocimiento que está en tu interior. La verdadera riqueza de una nación no yace en su oro o plata, sino en sus conocimientos, en su sabiduría y en la rectitud de sus hijos."

Gibrán Jalil Gibrán Las Palabras del Maestro

 

A manera de analogía, suponga que Usted es el entrenador de un equipo de fútbol soccer, y que quiere ganar el campeonato de Liga. ¿Qué sucedería si todos los jugadores quieren anotar goles? ¿Cuáles son los obstáculos para alcanzar el propósito? ¿Dónde quisiera ver al equipo dentro de tres años? ¿Tiene un método para alcanzar esta visión? ¿Es estable el nivel de juego del equipo? Si no lo es, ¿a qué se debe? Más importante aún, si el nivel es estable,en quién reside la mayor responsabilidad para mejorar el nivel de juego? ¿Qué haría para que el portero, los defensas y los delanteros actúen en concierto? ¿Cómo haría para probar sus ideas nuevas con el equipo? ¿Cómo motiva a los jugadores a ser cada vez mejores? ¿Les pondría metas por separado? ¿Se sienten orgullosos los jugadores de ser parte del equipo? ¿Jugarían mejor si les dobla el sueldo? ¿Llevaría Usted, como entrenador,datos estadísticos? ¿Cómo estudiaría los datos para saber qué hacer para mejorar?...

 

 

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